Aunque estemos preparados, aunque lleve tiempo avisando, aunque pensemos que es mejor así porque la persona ya no sufre y aunque en el fondo sepamos que a todos nos llega la hora, queramos o no, a la Muerte le da por llevarse a alguien y ya te ha jodido. Es como barrer con el brazo todo lo que tienes en la mesa, tirarlo al suelo, y en su lugar poner un cráneo: Óscar, aquí la Muerte, Muerte, te presento a Óscar, hale, taluego. De pronto empiezas a verlo todo por televisión, como cuando estás resfriado, y sabes que es una estupidez, pero no puedes evitar pensar que lo que estás viviendo no es cierto. Inmediatamente después vienen los si quieres algo, ya sabes, o los estamos aquí para lo que necesites que son sinceros pero no puedes impedir que te suenen a cartón y se te pasa por la cabeza un cómo me cambiaría por ti, si es que en esos momentos puedes pensar. Al final, en plena cogorza de autocompasión, te acuerdas de lo que justo un día antes parecía tremendamente importante y valioso en tu vida (entregar un encargo a tiempo, pegar un polvo o el último politono de Soraya en el móvil) y te da asco ser tan superficial y te parece hasta indigno.
