Tres cuentos
Érase una vez una escultora, Marina Cimborrios, que andaba preocupadilla porque no exponía su Cagallón de Perro tras Noche de Lluvia en ninguna galería de la Capital de la Huerta. Se sentía incomprendida, desmoralizada y hasta podríamos decir deprimidilla, cuando, en una noche de farra, terminó espatarrá (del euskera *espatarrak) en el baño de una [...]






