Rascada contemplativa de huevos
Este año no voy a coger vacaciones, así que me estoy dedicando a:
a) trabajar, para sacarme unas perras y guardarme para cuando no haiga (que pronto ocurrirá, lo que yo te diga),
b) ir de acá para allá, con la maaama y con el paaapa, que están mayores y viejunos (y cuando lean esto me van a mandar a tomar por saco y, lo que es peor, me van a quitar la paga semanal) y
c) pasar mucho calor (de hecho, el entreforro me huele a jamón de Teruel, acordaos de esto la próxima vez que lo catéis… me refiero al jamón).
Mucho tendrá que cambiar la cosa para que me vaya de estos lares e aquí a pasar unos días por aquellos lares de allá (y no será por falta de ganas, que necesito ya una borrachera urgente) o para que mi verano sea tal y me sienta de vacaciones. De todas formas, a pesar del curro que he tenido estas últimas semanas, no tengo la sensación de necesitar urgentemente cambiar de aires. Es más: me encantaría encerrarme en casa y decir «esta semana voy a dedicarme a la rascada de huevos contemplativa» y proceder en consecuencia, hasta que me sangren los ídem. Pero el bochorno de esta ciudad me impide levantar la mano, incluso a la altura de mis…
Hace poco, para solucionar el asunto del calor, fui a comprar un aire acondicionado portátil (pensé en comprarme uno portátil para llevármelo puesto y pasar de instalaciones y leches), pero parece que entre frigorías, consumo y no sé qué, es más difícil comprarse un pingüino de esos que entender las causas de la Primera Guerra Mundial, así que se me bloqueó el cerebro y terminé otra vez amorrado literalmente al ventilador: por las noches hasta me lo pongo al lado de la cama en modo vendaval huracanado para ver si consigo dormir, pero ni con esas.
Entretanto, tenía una muy buena historia que contar (sórdida y truculenta, como a mí me gustan, con sexo, traiciones y mentiras), pero resulta que el post se me estaba alargando cosa mala y no era plan de colgar 5.000 palabras de vellón por aquello de la atención frente a la pantalla del ordenador. Lo dejo para otra ocasión, pero juro que lo contaré porque será muy muy muy interesante, os lo garantizo: es un culebrón de los de verdad de la buena.
Y hasta aquí. Si hay alguien que se quede en su ciudad, que deje un comentario para solidarizarse conmigo. Y si alguno de los presentes todavía está en Valencia, acepto invitaciones a cervezas frías y regalos en forma de aire acondicionado.
He dicho.









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