González Sinde tiene la gripe
Hoy me han invitado a comer unos amigos a los que no veía desde enero, más o menos. Hemos comido, hemos planeado que vamos a fundar una hermandad de semanasanteros dedicado al Cristo de la Pus de los Estigmas… bueno, hemos estado ahí discutiendo si fundábamos una cofradía o una comisión fallera, pero ha ganado la primera porque creo que nos lo pasaríamos mejor: ¿qué más diversión que salir con un paso con la imagen de Nuestro Señor Jesucristo colgado de una horca, como el muñequito de ahí arriba, y con la lengua fuera? ¿Qué mayor atrevimiento y gustirrinín que desfilar en las cabalgatas esas de las madrugadas sevillanas con unos trajes del Ku Klux Klan de color rosa pink eléctrico emoción y, pongamos, el culo al aire? Claro está que duraríamos un año porque después nos vetarían y no nos dejarían hacer nuestras procesiones, por eso hemos optado por la cofradía: porque para la comisión fallera siempre estamos a tiempo.
Cuando me reúno con Be. y con Ke., mujer y marido, respectivamente, siempre terminamos inventando cosas de estas, siempre, creo que desde que nos conocemos, allá por el neolítico (de hecho, a Isabel la Católica no le había bajado todavía la primera regla) nos dedicamos a este tipo de suposiciones. Ke. y yo éramos vecinos, pero con él no era con quien ponía piedros en los raíles del trenet para que descarrilara, conste, diversión máxima donde las hubiera (el trenet era una especie de híbrido entre tranvía y tren de la bruja, como el de Sóller pero sin restaurar). Ahora que lo pienso, admito que poner piedras en los raíles del tren para que descarrile puede dar pie a pensar que tuve una infancia salvaje y un poco cafre, pero no es cierto: yo era un crío de lo más formal, palabra. Con el tiempo, después de algún que otro campamento con la muchachada del barrio y de tanto vernos las caras, Ke. y yo terminamos siendo muy amigos (bueno, Ke. y su hermano Da., del que a veces he hablado como experto en vídeos chungos de internet, de hecho es que fue quien me descubrió a la Tigresa del Oriente y a Wendy Sulca).
Después de comer nos hemos puesto a ver un peliculón: «Ultimátum a la Tierra», el remake. Pero justo cuando el protagonista, alienígena de pro, se da cuenta de ese tópico tan horrendo y falso de que los seres humanos tenemos algo especial y que merecemos ser salvados del exterminio a pesar de que semos capaces de las atrocidades más perversas, justo en ese momento, mi amiga Be. ha saltado del sofá y se ha puesto a gritar, con su marido de flipe presente: «Sí, sí, tú ven aquí y verás de qué perversidades semos capaces, tío bueeenooo, ña-ña-ña-ña». A continuación ha puesto los ojos en blanco, se ha desmayado, he mirado a mi amigo con cara de «¿has visto lo que ha hecho la cochina de tu mujer?» y, por arte de magia, el reproductor de deuvedés ha hecho puf-puf-puf y ha cortado la película, justo cuando yo empezaba a ponerme la cazadora para bajar a la farmacia a comprar pastillicas contra la Tourette. La cosa no ha pasado a mayores, porque mi amiga en realidad no tiene ningún síndrome raro y me encantan las hipérboles. Pero a punto ha estado la cosa de convertirse en tragedia griega cuando no hemos podido continuar viendo la película.
Y es que cuando uno se descarga películas y series y estas cosas se arriesga a que lo que se baje sea de ínfima calidad, esté cortado o, en el mejor de los casos, sea porno. Que digo yo que descargarse cosas ilegalmente no deja de ser ilegal, valga la recinfloncia. Y que digo yo que el acceso a la cultura y al arte debería ser universal. Y que digo yo, que quien tiene la culpa de todo esto no es el librero, ni el dueño de la tienda de discos, ni el bajista de Tarzán y su puta madre buscan piso en Alcobendas. Yo es que, igual me meto en camisas de once varas y no entiendo mucho de estas cosas, pero ¿a qué tanto berrido con lo de la ministra? ¿Será que ella y solo ella tiene la culpa del canon, de que paguemos más de veinte leuros por un libro o un disco y todo ese asunto? Yo es que me parto de la risa cuando, pongamos, un chupatintas de tres al cuarto, que nos está estafando a todos como funcionario de carrera que es (pongamos que es neurocirujano y tiene parkinson, o que es ciego y maquinista de RENFE, o que es profesor de inglés y habla como Chiquito de la Calzada), pues eso, que es como un pelín hipocritilla ponerse a berrear por internet porque si la ministra dice esto o dice lo otro, que si dimisión y diciendo indirectamente que qué buenas las descargas ilegales porque los escritores viven del aire y la lluvia que cae del cielo (bueno, sí, algún guarrete hay, que yo lo sé). Oigan, que a mí esta señora me la pela, yo seguiré a lo mío mientras los discos valgan lo que valen ahora y los libros cuesten lo que cuestan ahora. Eso sí, reconozco que está fatal, que es ilegal y que están pagando justos por pecadores: los que no cobran, porque no cobran (los autores) y los que estamos pagando (el canon, por ejemplo), porque estamos pagando un canon por un delito que no hemos cometido (aún).
Yo es que sé de un caso, o de una casa, funcionaria ella, que no tiene ni puta idea de lo que está haciendo (y eso lo puedo certificar y lo juraré ante el juez), que está cobrando una pasta, y que luego se pone a berrear con la ministra. Curiosamente, es la misma que luego coge el coche para ir a cagar a la esquina y va de soy más verde que las lechugas, que no para de decir que qué barbaridad, hay que parar a las farmacéuticas, que el Estado no está pa pagar a estos crápulas y luego presenta recetas de pensionista para pillarse una buena caja de amoxicilina chorrocientos miligramos, por si las moscas. Es que me pongo enferrrmo.
En fin, que si estoy equivocado con lo de Muerte a la Sinde, me se corrija, por favor (puede que haya algún argumento que me se esté escapando), pero yo seguiré pensando que esto de «todos contra la ministra» ha sido y es como la alarma de la fiebre del puerco, Operación Triunfo y los chinitos de la suerte: una chorrada para tener entretenida a la masa.
Hale, que Dios os bendiga y buen finde.
PD: Que digo yo, que después de lo que he dicho, como coja la gripe del puerco no lo voy a confesar, ordenaré a Sihaya que diga en este, mi blog, que he muerto de un largo y doloroso cáncer de huevos.
PPD: Que digo yo otra vez, pesao que estoy, que eso de «se ha muerto tras una larga enfermedad» es un eufemismo imbécil, porque todo el mundo sabe que es cáncer y los cánceres, a veces, son breves cual gobierno italiano y al final pasará como con los artículos: «¿Qué me dices? ¿Que primo de hermana de tu cuñada ha muerto de larga enfermedad? ¡Pues habrá que implementar esquela en periódico! Llama ahora mismo a junior manager journalist y después vamos a comer a restaurante macrobiótico de ocho euros hoja lechuga. Yipi.» No digo más que me hierve sangre en venas.
PPPD: Sí, vale, me he estado entreteniendo con las afoticos y las letricas, ¿pasa arrrgo?
PPPPD: Este post lo escribí el domingo por la tarde.









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