Que viene el Kraken
A veces pienso que me dejo demasiada guita en cosas que no son importantes y digo «demasiada» porque últimamente ya no estoy en números rojos, sino ultravioletas, así que cualquier gasto siempre deberá llevar el determinante «demasiado». No tengo más remedio, entonces, que buscarme razones de peso los días en los que me desconfiguro y tengo que fundirme la MasterCard en cosas como libros, discos y demás artículos que la gente «integrada» (me refiero a la que no tiene deudas y consigue ahorrar) considera que no son fundamentales para sobrevivir…
… claro que a veces pienso que ese tipo de «ser persona formal» no me mola nada, que, efectivamente, leer es necesario para sobrevivir y que prefiero tener mis propios criterios para hacer lo que me salga del nabo, como levantarme a las diez porque yo lo valgo, como pasar equis horas a la semana de vida contemplativa cuando debería estar pintando el pasillo y mirando cortinas o como invertir en una buena cena en vez de en unos pantalones de los que se llevan este año y retirar de una puta vez los de hace siete temporadas, que ya me sientan como el culo y los niños van señalándome por la calle, mamá, mamá, mira a ese señor, qué pinta más rara tiene… pero si se parece al de la película ésa del anillo, el que comía pescado crudo y llevaba un taparrabos, y la madre, calla, niño, no mires y tira palante.
En fin, que como acabo de explicar, a veces me tengo que buscar razones de peso para gastar en libros, por ejemplo. Y como estoy seguro de que entre los presentes los habrá que también se busquen argumentos impepinables para gastar más de la cuenta y quiero que los compartáis en la intimidad de este espacio (nasalícese, os lo suplico), allá va mi Top Five de principios forzosos por los que me veo obligado a derrochar en esta época de números rojo putón:

- Comprar libros es cultura y no debería dolerme (aunque si viviéramos en Europa o en cualquier país civilizado probablemente me dolería menos, entre un 20% y un 40%, para ser exactos).
- Todos tenemos el derecho a permitirnos ciertos caprichos, por lo menos una vez al mes y aunque estemos en tiempos de crisis. Seguro que Skinner diría que es higiénico para la salud mental.
- Una de las enseñanzas más importantes que me ha transmitido mi madre es el siguiente principio: «Hijo mío, si haces algo, hazlo bien», así que no me dejo llevar por la pereza de comprar sólo un libro o sólo un disco o sólo un gadget. Lo que hago, lo hago a lo grande. Y no se hable más.
- Tengo una reputación que mantener y quiero que cuando mis amistades entren en mi casa puedan disfrutar del placer de ir saltando por encima de los libros que hay por el suelo del pasillo de camino al salón, donde les agasajo, haciendo gala de mi hospitalidad, con un café de melitta y las galletas de mantequilla ya rancias que algún intrépido decidió regalarme por mi cumpleaños del año pasado.
- And last but not least, un lobo rabioso (o un kraken, o un balrog, o un ejército de carcomas hambrientas) podría entrar en mi casa y destrozar a dentelladas el libro que hay junto a mi cama, en cuyo caso siempre es conveniente tener uno de reserva donde la bestia inmunda, sea la que sea, no pueda llegar, como por ejemplo dentro del armario donde descansan los libros de autoayuda, las mancuernas y el suavizante que tuve la idea de comprar el día aquel que me vi obligado a ir a urgencias porque se me había ocurrido secarme la cara con una toalla recién salida de la secadora.
Ahora fuera de coñas, voy a ponerme serio. Estos argumentos de arriba son una verdadera chorrada. En el fondo hago estos gastos innecesarios porque estoy absoluta y hondamente convencido de que tengo que contribuir a reactivar el consumo en todo lo que pueda para ayudar a la sociedad a salir de este bache económico en el que nos encontramos… Bueno, y por si acaso aparece el kraken.
En fin, que Dios os bendiga, como siempre.
PD: Necesito urgentemente a un filólogo que me asesore sobre un tema que no me va a dejar dormir. Cuando he escrito lo del lobo rabioso, es lo suyo hablar de «dentelladas». He pensado en las carcomas y oye, todavía no he visto que ninguna necesite una endodoncia o un tubo de Kukident, pero no me extrañaría que también tuvieran dientes, así que seguía hablando con propiedad. Lo del balrog ya empieza a chirriar un poco, porque su fuerte no son las dentelladas sino las llamaradas, pero vamos, los balrogs también tendrán que almientarse y en ningún sitio se dice que tengan un estómago invaginable y, en consecuencia, hagan la digestión externamente, como las estrellas de mar, así que también podrían destrozar mis libros a dentelladas. Lo que sí me ha escamado, y mucho, es que si un lobo mata a dentelladas, ¿qué hace un kraken? ¿Matar a ventosidades? ¿A tentaculazos? Lo dicho: un filólogo quiero.









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