Telarañas
Dicen que uno de los mejores métodos para superar el bloqueo cuando no sabes qué escribir es ponerte a escribir y ya saldrá algo. Mentira podrida. Yo llevo intentándolo desde que me he levantado de la siesta y no he conseguido nada. Las distracciones son lo peor: ahora un café, ahora un comentario en el Facebook, ahora un correo electrónico que llega pidiéndome un cambio en las clases, ahora un albanés que se pone a tocar el acordeón justo debajo de mi casa para ganarse unos euros…
Después de todo este tiempo manteniendo el blog, a veces pienso que ha llegado el momento de dejarlo, que ya no tengo tantas ganas ni de escribir, ni de contar nada. Hace eones que dejé de participar en otros blogs, primero porque no tenía mucho tiempo (hubo una época en que yo trabajaba mogollón, aunque parezca que no); después, como ya me había desenganchado, no sabía qué decir, se me había pasado la fiebre de comentar aquí y allá; se me empezó a acumular el trabajo en Google Reader y cuando me quise dar cuenta, me daba tanta pereza comentar y leer lo que tenía pendiente, que empecé a dejarlo para otro rato, y para más tarde, y más tarde, hasta que dejé de entrar. Procrastiné. Alguno se acaba de descojonar, como si lo viera. Para rematarlo, mi necesidad de «feedback» empezó a alimentarse con las redes sociales, sobre todo con Facebook y un poco con Twitter. ¿Y al final qué ha pasado? Que este blog está totalmente moribundo. Hasta se me olvidó celebrar el segundo aniversario. En otro momento habría organizado un trivial, una ciberfiesta o habría hecho una serie de cabeceras, como las de los ovnis, pa celebrar el asunto.
A veces estoy en el tren y tengo una idea para un post, pero como soy tan vago y últimamente ando espesísimo (vulgo: tengo un ejército de musarañas instaladas en mi ceLebro), al final no me apunto nada, voy retrasando la hora de ponerme a escribirlo y al final no lo hago. Tengo un montón de borradores, pero la mayoría se han quedado en el disco duro porque ya ha pasado el momento: algunos se refieren a cosas que me han ido ocurriendo, pero como mi vida va a tumbos (salgo a tumbo por semana, dicho sea de paso), no los publico, parece que ya son viejos y no vienen al caso; otros son de cosas filológicas que no le interesan a nadie más que a mí y a dos frikis (que los tengo fichaos, con ip y todo
). Casi siempre pienso que están fatal, que no le va a interesar a nadie y ahí se quedan, muertos de la risa. A veces los releo y me río yo solo, jaté si soy disca; otras me da hasta un poco de vergüenza; lo peor es cuando me hacen bostezar. Ya ni recuerdo la época en que escribía hasta dos post al día, de eso hace dos años y medio. Vale que entonces no trabajaba y estaba pasando yo una fase contemplativa, pero aún así, oye, siempre encontraba temas para escribir algo por aquí. No tengo ni puta idea de cómo lo hacía.
No creo que vaya a abandonar el blog porque me da mucha pena, la verdad. Pero ese es el único argumento que tengo para no dejarlo. El único. Si fuera por las ganas que tengo, habría muerto ya hace meses.








