Infidelidad
Soy un desgraciaíco: con la salud hecha unos zorros (vale, es un problemilla, pero puñetero), sin un puto duro y con el trabajo pendiente de un hilo, creo que voy a cortarme las venas en los próximos días. Además, me han intentado robar la bici y como no lo consiguieron gracias a un candado indestructible que está garantizado excepto en caso de que usen una radial o si hay una guerra nuclear (y no va de coña), decidieron que lo mejor era jodérmela, para recordarme que eso de dejarla aparcada en la calle está mal y es de malas personas. Mi única compañía en los momentos de soledad es el Loro Timoteo que sí, será muy majo y todo lo que queráis, pero la verdad es que no me siento comprendido, por mucho que le explique las cosas y le cuente mis intimidades. Y como es tan suyo, a veces no quiere saber nada de mí y me pega picotazos y se aleja volando que te volarás al sitio más alto que encuentra. Se conoce que está harto de escuchar mis dramas cotidianos, como cuando se me acaba el café a primera hora de la mañana y no me apetece bajar al paqui. Así que como no tengo nada alegre y divertido que contar, he estado pensando que qué mejor que un cotilleo para compartir con vosotros.
Soy amigo de Ma. desde antes de que naciéramos, cuando yo todavía era un óvulo rechoncho y hermosote y él más bien uno esmirriado y poca cosa. La última vez que lo vi fue hace más de tres años. Entonces él se encontraba en plena ebullición vital, todo le iba sobre ruedas y andaba por ahí con una felicidad y una alegría que daba más bien asco. O envidia. Bueno, da igual. El caso es que mi amigo Ma. se casó con su novia Ri., amiga mía también, pero de menos años, y tuvieron dos hijos: Su., que es más majo que un bocata de tortilla de patatas después de un análisis de sangre, aunque un poco torpe, todo hay que decirlo, y Re., que es un mal bicho, por ser suaves, pero hay que ver, qué cría más inteligente. Llegará lejos.
Hace poco, coincidiendo con un día libre que teníamos en común, quedamos en vernos y ponernos al día en lo que nos había ocurrido a uno y a otro en estos últimos 36 meses, que no es poco. Yo sabía que él había cambiado de trabajo por cuestiones de la vida y que cobraba la mitad que antes, así que no podía llevar la misma marcha que hasta ahora, a. s., no parar ni un fin de semana en casa, cambiar de coche cada tres años y comprar en el supermercado de El Corte Inglés. Ahora tiene que ir mirando el céntimo y, como no está acostumbrado, tiene un come-come por dentro que no le deja en paz. La cosa es que cuando ya nos habíamos tomado un par de cervezas se le metió el gusano de la sinceridad y me contó lo siguiente:
Arresulta de que él está casado, como he dicho arriba. Pero se ha aburrido totalmente. Hace unos meses empezó a chatear con otras tías y ha quedado una vez con una de ellas, que yo sepa. A más no se ha aventurado porque tiene miedo de quedarse pillado, en primer lugar, y además tiene unos remordimientos de conciencia que se lo llevan los demonios, en segundo. También ha conocido a una tipa, casada como él, que le mola mogollón y es estupenda y maravillosa, según él. Llevan tonteando unos cinco meses por messenger y por mensajes de móvil pero no se ha atrevido a verla porque dice que está seguro de que su matrimonio se iría al carajo por la vía rápida en el plazo de unos días.
El caso es que, por otra parte, él me dijo que en realidad estaba bien con Ri., quitando que ella estaba siempre cansada y pasaba de él totalmente, a pesar de que cuando había movimiento, el movimiento era satisfactorio, aunque poco frecuente. Quicir, vino a decirme que no era necesidad real de movimiento lo que él tenía, sino más bien de que le levantaran la autoestima, que al parecer, la tiene por los suelos. Vamos, mi interpretación es que quiere sentir que todavía está en el mercado y eso que tiene un año más que yo solamente, o sea, 34.
Vino a preguntarme qué pensaba yo de todo el asunto y yo le dije que ojos que no ven, corazón que no siente, más aún cuando no pensaba separarse de su mujer, y que vale, es una traición como la copa de un pino, pero que, por otra parte, eso le estaba ayudando a mantener su vida en común con Re., paradojas de la vida (de hecho me dijo que desde que estaba haciendo eso, en casa las cosas iban mucho mejor). Que se lo monte con otra es harina de otro costal y si, además, se enamora, lo más sensato y honesto sería no andarse con tonterías y separarse. Hasta aquí, en resumen, lo que yo opiné.
Desde aquella conversación he estado dándole vueltas al asunto, preocupado por si metí la pata o si hice lo que hay que hacer en estos casos, pero igual tendría que haber cerrado la boca porque ahora me siento cómplice. Vuestras opiniones quiero, por eso he contado todo esto (muy resumido, que sé que últimamente me enrollo cual persiana).
Que Dios os guíe por la buena senda.









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