No os deseo feliz navidad
Esto no quiere decir que os desee que sufráis como perros, ni que os paséis unas navidades infernales, porque es una tautología, sino simplemente que NO os deseo feliz navidad (obsérvese que niego sólo el verbo). Y lo que menos entiendo de todas estas felicitaciones es el copypaste éste de mensajes al móvil, presuntamente graciosísimos y descojonantes. Sólo recuerdo una que me hizo gracia que era algo así como el simulacro de paz y amor ha terminado, se ruega retiren los langostinos y le peguen una patá a los familiares pesados, o parecido. Este año solo he recibido una totalmente personalizada (que además me ha hecho mucha ilusión por inesperada) y he respondido con mis mejores deseos para el año que entra porque ya soy incapaz de desear feliz navidad, de existencialista que estoy. Hasta a mis guiris les he dicho que pasen unos días de descanso, que cojan fuerzas para enero y que lo pasen lo mejor que puedan, no que pasen unas felices navidades, y eso que ellos son muy de felicitar sinceramente, que para eso son guiris.
El cabreo máximo de la temporada navideña 2008, lo cogí la tarde del 24. Bueno, no fue exactamente un cabreo máximo, sino un cabreíllo superficial y ligero mezclado con indignación y un toque de vergüenza ajena. Andaba yo de vuelta a mi casa con la bici cuando me sonó el móvil. Era una persona a la que yo apreciaba (obsérvese el uso del pretérito imperfecto), con quien hace ya meses que no hablo, desde septiembre, más o menos, que me decía lo siguiente (las transcripciones que siguen son todas sic.):
Feliz Navidad Oscar! Estas bien? Que un besito muy fuerte para ti y los tuyos. Bsazos!
No salté de alegría, porque tampoco era para tanto, pero como no me lo esperaba y además me parecía un sms sincero, pensé en devolverle la felicitación cuando llegara a casa. Bueno, pues a los dos minutos me vuelve a sonar el móvil. Era un sms de la misma persona. Copio:
Feliz Navidad MariLuz! Estas bien? Que un besito muy fuerte para ti y los tuyos. Bsazos!
Me quedé paralizado en medio del carril bici. Porque ya lo de desear feliz navidad a gente a la que no ves y de la que pasas el resto del año me parece una ordinariez, incluso lo de enviar el mismo sms, vale si los demás no se enteran, pero cagarla de esa forma es de juzgado de lo penal directamente (nos saltamos el de guardia) o de consejo de guerra (o de guarra, ya puestos). De hecho, las compañías telefónicas deberían poner un faldón de recursos a esos sms, tipo contra la presente felicitación podrá Vd. interponer recurso ante la Sala de lo Contencioso-Administrativo; agotada la vía administrativa, podrá Vd. denunciar a quien le ha enviado ese mensaje para que sea convenientemente juzgado por cutre.
He dicho antes que una cagada tan gorda, mientras no se enteren los demás, puede tener un pase. Si la cagas, la has cagado y oye, no pasa nada, somos adultos así que la mando a la mierda y ya está. Pero arrastrarse pidiendo perdón ya me dio náuseas:
Jeje, te he mandado doble felicitacion. Besazos guapo, q eso que espero que estés bien y felices Fiestas!
Porque ya puestos y si te vas a arrastrar (cosa que yo no haría con una conocidilla que no llega ni a amiga, de las que sientes aprecio genérico porque es una buena amiga de un amigo), qué menos que currarte el sms, digo yo, no vas a solucionar nada, pero por lo menos tienes la oportunidad de resultar menos lamentable. Pero este tercer mensaje ya me hizo dudar hasta de si yo me había confundido y en vez de a 24 de diciembre estábamos a primero de enero y esta tía todavía estaba borracha de la noche anterior. No pido una redacción impecable e ingeniosísima, pero un mínimo de dignidad, sí. Como dicen que el mayor desprecio es el no aprecio, decidí que pasar olímpicamente era la mejor alternativa, y eso que ya había estado yo maquinando mensajes malvados y casi criminales para intentar hundirle la Nochebuena a esta impresentable. Claro que haría falta ver si esta personuela sería capaz de captar la finísima ironía en un mensaje tipo mira que eres cutre. A punto estaba por decantarme por un clásico y rotundo por ahí te pudras (que siempre he dicho que es una forma muy elegante de mandar a alguien a la mierda y además, bien mirado, es una expresión muy muy ibérica que no he conseguido traducir al alemán y mira que lo he intentado veces), pero decidí que no, que lo mejor era guardar silencio, que seguro que le jodería más. Así que no espero felicitación de este personaje para las próximas navidades. De hecho, no espero noticias suyas de ningún tipo, a no ser que yo, en un ataque de egocentrismo, le hubiera dado esta dirección y estuviera leyendo esto en la sombra, cosa que dudo (lo de leer esto, no me extrañaría que le hubiera dado el enlace al blog). Bueno, me la pela.
Hace ya bastantes años que las navidades me tocan las pelotillas. De todas las tradiciones navideñas, solo hay una que me hace ilusión y no la celebra nadie más que mi grupo de amigos porque se trata de un cumpleaños y creo que es de los pocos que recuerdo felicitar a tiempo. ¿Ves? Para eso sí encuentro que Facebook es útil, oye, que entras y ya te dice a quién te has olvidado de felicitar. Menos mal que mis amigos me quieren y me conocen y toleran que pase de ellos olímpicamente. Dicen que olvidarse de las cosas es falta de interés. Yo tengo la teoría, porque me conviene, de que no es falta de interés sino pura y simple incapacidad. Soy bastante competente para recordar los datos más inútiles y otros no me entran en la cabeza. De hecho, si me preguntaran ahora, podría recordar el cumpleaños de cinco personas, seis a lo sumo, ni una más. Así que infiero que tengo la memoria en el mismísimo recto (sé que es un sitio raro para tener la memoria, pero el mundo me ha hecho así), más aún para las felicitaciones, sean navideñas, de cumpleaños o si se trata de dar la enhorabuena por un divorcio. Entre esta facilidad para olvidar las cosas y mi torpeza habitual, tengo anécdotas para todos los gustos referentes a mis intentos de felicitar los aniversarios de mis íntimos. La última, no sé si la conté por aquí, fue para el cumple de una muy buena amiga mía, de las que me soportan todo porque saben que hay cosas que no se pueden cambiar.
En aquella ocasión, orgullosísimo que estaba por recordar el día del cumpleaños de Nu., le envié un sms que yo creía superingenioso de la muerte. Además es que me había acordado ya de buena mañana y eso me llenaba de orgullo y satisfacción y quería que Nu. se enterara a primera hora, así que le dije algo así como parece mentira, con la de años que tienes y lo guapa y lo buenorra que estás, que si no llega a ser porque eres amiga del alma, te tiraba los trastos. Feliz cumpleaños. Óscar. Y oye, a esperar a que se conectara al messenger o a que me respondiera o lo que fuere. Total, que al mediodía, tan impaciente estaba yo por que se enterara de que aquel año me había acordado de su cumpleaños, que no pude resistir la tentación de enviarle otro, como diciendo fíjate si te estimo, que no te envío un sms, sino dos. En ese momento decidí que lo mejor era ponerse en plan eroticofestivo y escribí algo parecido a a pesar de las edades que tienes, sigues estando jamona y buenorrísima perdida. A ver qué respondía.
Y pasaban las horas y aquella que por no decir, no decía ni esta boca es mía. Al principio deduje que estaría acojonadísima porque no soy muy de mensajes de este tipo y que estaba esperando a que le viniera la inspiración para responderme sin herir mis sentimientos. Pero conforme pasaba el tiempo me empezó a resultar todo muy siniestro y me dispuse a elaborar teorías que explicaran el silencio de Nu.:
TEORÍA UNO: Mi amiga estaba ofendida porque una felicitación de cumpleaños en esos términos le parecía una ordinariez.
TEORÍA DOS: Me había confundido de día o incluso de mes y no era el cumpleaños de Nu.
TEORÍA TRES: Nu. no es mi amiga, me había tomado más cervezas de la cuenta y estaba en pleno ataque maníaco.
Tenía la impresión de que la tercera teoría no se ajustaba a la realidad. La primera me parecía improbable porque Nu. tiene el umbral de tolerancia a las gilipolleces bastante alto y no me parecía propio de ella no responder, más aún teniendo en cuenta que me ha soportado cosas bastante peores y nuestra relación está a prueba de bombas. Así que andaba yo razonablemente preocupado porque se tratara de la segunda y la metedura de remo estuviera siendo de las espectaculares, así que, aterrorizado, llamé a Sihaya por el teléfono de las urgencias para confirmar la fecha y ella me dijo que sí, que ese día era el cumple de nuestra amiga Nu, efectivamente.
Contrastada y confirmada la fecha, no me quedó más remedio que pensar jatetú, qué seca y que arisssca, qué mal le ha sentado el cumpleaños a esta tía, pordiósbendito y le envié un tercer mensaje. En este no sé si me pasé cuatro pueblos o cinco o media provincia, la cuestión es que iba en la misma línea de las anteriores, solo que un poco más exagerado. No habían pasado dos minutos cuando el móvil me hizo pi-pi-pí piii-piii pi-pi-pí y allá que voy. Cuando lo abro veo que en el apartado remitente confirmaba que era Nu. quien me lo había mandado. Joder, ya era hora, pensuve, como si una felicitación de cumpleaños implicara responder al segundo. Lo abro y leo:
Ni te conozco, ni es mi cumpleaños, ni estoy buena. Un saludo, JOSÉ ANTONIO.
En ese momento me pinchan y no me encuentran la vena. No porque José Antonio, a quien no tengo el gusto de conocer, hubiera estado recibiendo todo el día mensajes homoeróticos desde mi móvil, porque estaba claro que me dirigía a mi amigA Nu., ni porque el mismo José Antonio llevara todo el día descojonándose de mi habilidad para felicitar los cumpleaños de mis íntimos y haciendo chascarrillos con sus amigotes, sino porque ya eran las tantas de la noche y Nu. no se habría enterado todavía de que yo me había acordado del día de su cumpleaños, cosa extraordinaria ande las haiga y digna de celebración. En aquel momento estaba en un bar con dos amigos míos tomándome una cerveza y se ve que no sólo me había salido la pantalla azul de la muerte y se me notaba en la cara, sino que estaba empezando a desintegrarme cual gremlin a plena luz del día, así que me preguntaron que qué me pasaba y se lo conté. Las carcajadas recorrieron toda la península, llegaron hasta A Coruña y volvieron a Valencia cuando me vi obligado a llamar a Sihaya otra vez (con las orejas gachas y el rabo entre las piernas) para que me diera el número de Nu. Sihaya hizo lo propio: terminar en urgencias del ataque de risa, no sin darme antes el número de Nu.
Así que si alguno de los presentes en la sala se cree en el derecho de recibir una felicitación mía por su cumpleaños, aviso que apañado va. Que tengo muchas virtudes, pero entre ellas no me consta que se encuentre la de recordar fechas importantes y datos trascendentes.
Para terminar, os dejo con un par de vídeos. Espero que os gusten mucho y os riáis tanto como yo lo hice cuando los escuché por primera vez. ¡Y viva el informalismo abstracto!
Que Dios os bendiga en estas fechas tan señaladas.
Melissa Hindell – 1ª Parte
[youtube P-Q-Zm6OEiI nolink]
Melissa Hindell – 2ª Parte
[youtube KqikEr5_2PQ nolink]









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