Urge vuelo barato
Para que luego me vengáis con que si no cuento cosas privadas, que soy muy discreto y esas chorradas. Ni que vosotros hayáis contado con pelos y señales vuestros entresijos íntimos y demás casquería sentimental. ¿Queréis carnaza, perros?, pues la vais a tener. Seguro que a estas alturas del post, algún amigo e incluso algún cibernauta se habrá tirado ya de los pelos del pubis, estará cagao del susto y / o estará borrando su blog en previsión de represalias y cotilleos (táchese lo que proceda), no vaya a ser que cumpla mis amenazas.
Tranquilidad, no soy tan perverso. Vuestras cosas seguirán a salvo en la intimidad de los quince o veinte blogs vecinos y además sabéis que yo no soy muy de contar las cosas a más de diez contactos del messenger. Soy una tumba.
Después de esta introducción larga y pesada como ella sola (y lo que te rondaré, morena), pensaréis que voy a hacer públicos los archivos secretos del Ministerio de Defensa, por lo menos, pero no, de mí pasan olímpicamente, ni hice la mili, ni la objeción, ni nada que se le parezca… bueno, sí, he hecho cosas y he estado en sitios parecidos e igual de terroríficos, pero ese es otro asunto y ahora no nos concierne.
Vale.
¿Preparados?
¿Listos?
Allá va.
Me caso.
¿Qué? ¿Eh? ¿Cómo se te ha quedado el cuerpo?
Que sí, que sí, que me caso.
Lo que estás leyendo.
Ea.
Me caso… o puede que me case.
Puede.
Empiezo por el principio, aunque tampoco hay mucho que contar. Admito que mi vida no es de lo más ordenado (bueno, he visto cosas más desordenadas, tendrías que ver el cajón donde guardo los calzoncillos, sin ir más lejos, si me encontré un bote de tomate frito entre los libros, ¿qué no me encontraré en ese cajón?). Volviendo al tema, que sí, que admito que mi vida no es la más ordenada que se pueda tener, pero ¿y qué? ¿No sigo vivo? De milagro, vale, pero aquí estoy, dando por saco.
Pues eso, anoche estaba yo en el chino de al lado de mi casa, bueno, dentro del chino, no, en el restaurante que tiene este señor, que es chino, no quiero pensar qué ocurriría de acabar yo dentro del chino, porque este individuo es más bien pequeñito y esmirriado y yo tirando a hermoso y rollizo. Ello, que desvarío, que estaba en el restaurante del chino, esperando a que me adobaran un par de trozos de carne de pollo de calidad infra y origen felino, más aburrido que una ostra, de la que se habían escapado de la salsa (tendríais que haber oído a los champiñones, qué gritos pegaban, tú, chino malooo, cuchillo malooo, wok kaka, chino cablóóón). Del tedio que tenía en mi cuerpo eché mano del móvil y me puse a mirar la agenda, a ver si me venía la inspiración y se me ocurría alguna intrascendencia que comunicar urgentemente, tipo se me ha roto la punta del lápiz y estoy con depresión, o tipo pregunta existencial oye, ¿tú sabes cómo se quitan las manchas de café de una camisa 50% algodón y 50% viscosa?, o más bien ¿cómo se transforma la energía que se crea en el núcleo indivisible de un protón? Y allí estaba yo, venga darle al botoncín del móvil.
Hallábame yo en esas, cuando al llegar, digamos, a la Q (que podía decir la H o la E o la Z), me encontré con un nombre ahí rescondido y decidí que tenía que llamar, a ver qué me cuenta, que últimamente habíamos hablado después de una pausa de años, pero siempre en plan ahora no puedo, tenemos que hablar con más ranquilidad, sí, sí, sí, tenemos que contarnos la vida de nuestros últimos 30 ó 40 meses. Tenía genuinas ganas de hablar con Qu, lo juro, así que le di al a tecla verde y oigo:
Piii… piii… piii… ¡click! Ha llamado usted al contestador automático de Qu. Si lo desea, puede dejar un mensaje después de la señal.
Mierda. Puto Movistar de los cojones. Dejé el siguiente mensaje:
Oye, Qu (con diminutivo), que soy Óscar, que estoy esperando en el restaurante chino de al lado de mi casa, esperando a que me den lo que he pedido pa llevármelo a casa y y me apetecía hablar contigo, que estaba la mar de aburrido.
Y colgué. Fue darle al botón rojo y pensar que si tenía amigos todavía era de puro milagro, menos mal que estoy aburrido y no se me ocurre otra cosa mejor que hacer, que si no, ya podrían pasar otros no sé cuántos años sin llamarte, ¿eh?, así que da gracias a que el chino está tardando. Lo mío es poner mis relaciones de amistad a prueba y lo demás son cuentos de vieja. Total, que la mujer del chino, o sea, la china, sale de la cocina con una bolsa blanca, me la entrega y, como ya había pagado, nos hacemos un cinco o seis reverencias, nos insultamos por lo bajini en chino y valenciano, respectivamente, y me piro. De camino a casa me compré un paquete de tabaco en el bar del leonés, que es un guarro pero tiene unas morcillas de chuparse los dedos de los pies (valencianos, es un guarro de verdad, pero guarro de guarra, mes que guarra, que te ficares un clavell a la figa i te agarrà).
Al llegar me puse a enviar un par de mails, que tengo internet, por si no os lo había dicho ya (HOLA, MUNDO), me puse musiquita, que por no tener, no tengo ni tele, y me lancé en plancha a comerme el presunto pollo frito con salsa especial y la bandeja de arroz. Qué bueno está el gato rebozado con salsa de soja, ¿eh?, es que estos chinos se las saben todas, y aprovecho para preguntar al personal por qué la leyenda urbana esa de que en los restaurantes chinos dan gato y no perro, que sería lo suyo, claro que igual un chihuahua está correoso y los chow chow salen caros. No sé.
Allí estaba yo, zampa que te zamparás. En eso que me suena el móvil. Era Qu. Los dos primeros minutos fueron dignos de cuando en los Eurovisiones del paleolítico había interferencias en las líneas:
PRESENTADORA: Good evening, Dublin! May we have your votes, please?
JURADO IRLANDÉS: Yes.[Silencio y crepitar de la línea telefónica]
PRESENTADORA: Good evening, Dublin!?
JURADO: Good evening!
PRESENTADORA: Can we have your votes, please?
JURADO: I don’t have it![Risas en el auditorio]
JURADO: Hello!?
PRESENTADORA: Good evening!?
JURADO: Do you hear me?
PRESENTADORA: Yes, loud and clear. Do you hear me?
JURADO: Oh! Here are the votes of the Irish jury.
PRESENTADORA: I’m delighted.[Risas]
Pues esto igual. Es que Qu iba en el coche, con todas las precauciones, el manos libres conectado al aparato (dicho así queda raro, lo sé). Pero entre el blutú de los cojones, que yo tenía media pata de gato en la boca y que en mi casa apenas hay cobertura del puto Vodafone, aquello no era muy de diálogo socrático:
ÓSCAR: Hola, Qu.
QU: Bzzz, Óscar.
ÓSCAR: ¿Dónde estás?
QU: Bzzz,… bzzz, cocheee.
ÓSCAR: ¿Qué?
QU: Bzzz,… bzzz en el cocheee.
ÓSCAR: ¿Pero vas condunciendo y hablando por teléfono?
QU: Bzzz… conexión… bzzz… manos libres… bzzz… blutú.
ÓSCAR: Oye, que te siento muy malamente.
QU: ¿Bzzz… a la gente? ¿Pero qué clase de monstruo bzzz?
ÓSCAR: Que nooo, que te digo que te siento muy malamente.
QU: Bzzz… café… bzzz… bien, ¿no?
ÓSCAR: Sí, sí, que estoy bien.
QU: Nooo, que te digo que bzzz… llego a casa… bzzz.
ÓSCAR: Que sí, que te llamo yo luego.
QU: Cuando llegue voy a cenar, no sé lo que tardaré.
ÓSCAR: Ay, frena, frenaaa, mala persona, que ahí te oigo perfectamente.
QU: No, que voy por la autopista.
ÓSCAR: Era una broma, tú.[conversación intrascendente]
QU: Pues tengo muchas ganas de hablar contigo.
ÓSCAR: Yo también tenía ganas, coñe, a ver si luego hablamos.
QU: Qué gracia.
ÓSCAR: ¿El qué?
QU: Bzzz… pensando… bzzz… día.
ÓSCAR: ¿Lo qué?
QU: Bzzz, bzzz… casarte conmigo.
ÓSCAR: ¿Quééé?[a la porra el gato frito rebozado con salsa especial]
QU: Que te decía… bzzz… quieres… bzzz conmigo.
ÓSCAR: ¿Me estás pidiendo que me case contigo?
QU: Sí.[ese sí lo oí loud and clear]
ÓSCAR: Pues así, de golpe y porrazo, no sé qué decirte, espera a que me termine el gato frito rebozado con salsa especial y te digo algo, ¿eh?, que ahora no sé.
QU: Bzzz… bzzz… te llamo yo, o mañana, ¿vale?
ÓSCAR: Vale, ya hablamos.
QU: Bzzz… bzzz.
ÓSCAR: No te oigo.
QU: Bzzz… bzzz.
ÓSCAR: Ya hablamos, ¿eh? Hale, que llegues bien a casa.
Colgué y añadí para mis adentros:
ÓSCAR: Que llegues bien a casa, que ya te has quedado a gusto.
Pues eso, después de la proposición de matrimonio se me fue la almendra del chino por el otro lao y tuve que darme palmadas en la espalda, yo solito, como en la escena del bar de Aterriza como puedas (podéis verla aquí, me refiero al minuto 2:32), pues algo parecido y dando saltitos y como todo el mundo entenderá, el gato frito rebozado con salsa especial me lo estaba pasando yo por el bambú con setas y salsa Sha-Cha.
Lo cierto es que Qu siempre me ha dicho que yo soy su novio formal en la distancia y volvió a recordármelo, no sé si lo de la distancia lo dirá por los 2.100 km que nos separan, que todo puede ser, hay gente que tiene asociaciones mentales de lo más extraño, o lo dirá por el tiempo que hace que no nos hemos visto, la friolera de siete años. Concluyo que tiene razón, que tendremos que casarnos por poderes (o como se diga) porque lo nuestro es la distancia en el tiempo y en el espacio, que dicho así queda muy sideral y hawkiniano, pero sin agujeros de gusano, más bien un agujero en la factura de Movistar y Vodafone, que ya nos podían haber hecho clientes VIP, ¿qué digo VIP?, ¡MEGAVIP!, o clientes platinum o uranium o lo que sea. En definitiva, que como llevamos años siendo novios formales, lo propio es que nos prometamos en matrimonio, consecuencia lógica ande las haiga.
Desde el incidente con el blutú todavía no hemos hablado. Claro que no sé yo si es mejor que no hablemos o que nos pongamos a discutir los detalles, como la iglesia, el menú y la despedida de soltero. Eso sí, puedo prometer y prometo que si me caso os enviaré una invitación personalizada y retransmitiré el evento por el Twitter y, por supuesto, montaré una que ni Farruquito, ni Lady Di, ni el mismísimo Sultán de Brunei.
Mientras tanto, y en previsión de que no me veáis durante unos días por aquí porque esté, por ejemplo, buscándome un vuelo barato (quien dice vuelo dice cuádriga, diligencia o patera), o porque esté empaquetando mis cosas para pirarme ande Cristo perdió la sandalia sudorosa, os pongo un ejercicio de redacción, aunque sospecho que en unos días voy a tener que publicar un post, cariacontecido y orejigacho, explicando a) que lo de casarse conmigo era un decir, b) que los dispositivos blutú, definitivamente, no valen para nada, o c) que el vino que tiene Asunción ni es blanco, ni es tinto, ni tiene color, pero sube que es un primor.
El enunciado de la redacción reza así:
¿Conocéis a alguna historia tipo estoy casado, tengo dos hijos y dejé a mi familia por irme a Senegal porque descubrí que la vocación de mi vida era la filología senegalesa? En su defecto, ¿no os han entrado las ganas nunca de mandarlo todo a la porra (vulgo: mierda) y marcharsus a la otra parte del mundo? Quiero detalles, y CONTRA más escabrosos, mejor.
Que Dios os bendiga.








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