Ese puño no me cabe
El otro día se convocó un gabinete de crisis urgente en casa de Da. al que acudimos Di. y yo. El orden del día era, fundamentalmente, ponernos al día en acontecimientos varios, discutir sobre la subida del petróleo y las consecuencias de la crisis financiera en los mercados bursátiles en África Meridional así como concretar los detalles de un viaje que haremos en breve y que si la cuenta del banco pa los billetes de tren y que si consulta tú el horóscopo para ver qué días son los más apropiados para la borrachera y que si tú aportas el chorizo de cantimpalo, yo le robo la navaja a mi padre y nos montamos una merendola, así acabemos ande los cerezos con la faja arremangá.
La conversación fue derivando hacia derroteros que no tienen que ver ni con el chorizo de cantimpalo, ni con la faja arremangá, más bien con la faja desabrochá y el chorizo no voy a decir de dónde porque iba a ponerme muy ordinario y todavía estamos en horario infantil. Que si yo prefiero la mojama, que si tú le das más a los berberechos, que si a mí me da igual, que con un calabacín me conformo. Jajajá, jijijí, jojojó. La reunión, como no podía ser de otra manera, alcanzó punto máximo cuando alguien empezó a hablar de las aficiones de la gente y los gustos gastronómicos de cintura para abajo, que diréis qué forma más rara de hablar de la cosa erótica, sí, pero es que yo soy muy fino y no hablo del coño, que he ido a colegio de pago y en algo me se tiene que notar. A lo sumo digo almejita, si es hueco y bate palmas, o churrufinga o pirindola, si tiende a ser alargado y presenta cierta curvatura.
Total, que llegó un momento en que nos vimos obligados (insisto, nos vimos obligados) a entrar en una página cuyo nombre no voy a poner aquí porque me cierran el chiringuito (que los de los anuncios son muy puñeteros) y que se pronuncia ixtiub, que es como el yutiub, también llamado yutup, pero de vídeos porno. ¿Y por qué? Porque igual que existe el periodismo de investigación, también existe el surfeo de investigación y no nos podíamos quedar con esa duda existencial, a esas alturas de la botella. En realidad todo surgió de un comentario de Da., que es un guarrindongo, sobre un vídeo que va rulando por la interné, cuyo nombre era algo así como Two girls and a cup o parecido (se lo preguntaré, además, seguro que alguno de por aquí lo sabrá, ruego enlaces, aunque sean por el privado) y que tiene que ser fortisísimo de la muerte, tanto que no pudimos encontrar el vídeo en cuestión, pero sí algunos que mostraban la reacción de la gente cuando lo veían. Nunca me había imaginado que ver caras de sorpresa de navegantes anónimos pudiera ser tan divertido. Allí acabamos revolcándonos de la risa en plan gorrinillo.
Luego tuvimos que entrar (repito, tuvimos que entrar) a la sección de cosas raras. Ay, madre, qué mala gana. Aterrizamos en un vídeo en el que salía un tío espatarrao (ya sabéis, del euskera *espatarrak) al que le estaban metiendo lo que parecía un puño. Mejor dicho, ya se lo habían metido porque lo que se veía era el codo. Que yo sabía de la existencia de esas cosas y la afición del personal a la dilatación, que cada cual hace de su recto un sayo, está claro, pero algo tenía que tener este vídeo porque era lo más popular. Mirando que te mirarás (con interés científico, claro), tampoco nos parecía nada del otro jueves, así que bajamos a ver lo que decían los seguidores. Todo era en plan that’s disgusting, i cant believe i just saw that o thats not something you see eveyday, acompañado de esmailis horrorizados que se arrancaban los pelos de la nariz con cara de pasmo, cosa más fea de esmailis no he visto en la vida. Y el vídeo, mientras, iba furrulando, que no era corto. En una de esas, y convencidos de que la gente es muy mojigata con lo del que te meto el puño, volvemos al vídeo y, alucina vecina, la cámara se va alejando y vemos que lo que creíamos que era un codo, no era tal, sino una rodilla. ¡Una rodilla!
Claro, la que se lió allí fue de órdago. A Di. le bajó la regla, Da. tuvo un aneurisma y a mí se me despegaron las lentillas con un doble tirabuzón inverso y triple salto mortal. Allí empezamos a darnos de bofetadas los tres, plis plas, plis plas, gritando que eso no puede seeer, ¿pero tú has visto?, pero si es la rodiiilla, pero si se le tendría que ver el pie a la altura del peeecho, pero será rara esta gente; los tres, asmáticos perdidos, claro, a punto de llamar al 112 para que nos trajeran un menú para tres de ventolín con doble ración de bolsas para la hiperventilación y sin salsa de soja.
Un poco más serenos y después de recomponer lo que quedaba de nosotros, llegó el clímax, por si lo que habíamos visto no había sido poco. Aquello ya fue un no parar de exclamaciones, improperios, ahogos, gemidos, llanto, rechinar de dientes, dolor del costillar y reacciones varias. Juro que soy incapaz de describir exactamente mi impresión del suceso. Para eso tendréis que verlo vosotr@s mism@s con vuestros ojillos (los de ver), porque todo lo que pueda decir aquí se queda corto. Y ojo (y otra vez el ojo), no es que sea especialmente truculento, fue na más la sorpresa, pero qué sorpresa.
Estoy dispuesto a pasaros el enlace por el canal privado, pero tendréis que tener paciencia porque sigo sin conexión regular y no sé cuándo podré enviaros la respuesta. No obstante, aviso que no es apto para estómagos impresionables.
Como dijo Confucio: nunca digas ese puño no me cabe. Ello.
PD: A ti, oh navegante de iPhone, ¡manifiestate!








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