Un cilindro hidratado, una pularda y una traductora desesperada
Lo de traducir textos a empresas puede convertirse en una aventura con más peligro que una visita al Templo Maldito. Lo digo porque no conozco a nadie que se dedique a esto que no haya puesto el grito en el cielo más de una vez por lo que ha tenido que pasar al castellano o al inglés o al alemán. A veces te encuentras ante textos que piensas ¿y esto pa qué? o menuda cagada más gorda o hay que ser hortera o simplemente te metes en el cuarto de baño y empiezas a darte de cabezazos contra el canto de la taza del váter, a ver si así terminas con tu sufrimiento de una vez por todas. Si, además, eres un poco tiquismiquis con la ortografía y la expresión, entonces apaga y vámonos: dedicarte a la traducción es la peor idea que puedes tener.
Sihaya traduce al inglés, entre otras joyas, los menuses de un hotel de más campanillas que un disco de Mike Oldfield. Hace traducciones muy buenas, por cierto, así que si queréis, pongo a vuestra disposición su número de teléfono por la línea privada, por si tenéis alguna urgencia filológica, oye, precios económicos, calidad y discreción. Y sí, esto ha sido una forma descarada de hacer publicidad.
El caso es que andaba yo ayer tan tranquilo haciendo mis cosas, navegando por internete, mis arroces con pollo, vamos, lo de siempre, y en eso que me suena el teléfono, pero nada de rin-rin, no, un ni-no-ni-no de urgencia, así que descuelgo. Al principio oí unos jadeos y unos ahogos a la otra parte de la línea, que me hicieron ilusión y todo, oye, la primera vez que me llama un pervertido. Pero no, era Sihaya. Sihaya rasgándase las vestiduras. Sihaya pegando alaridos. Sihaya indignada. ¿Habéis visto REC? Pues parecido. Terrorífico, terrorífico en cualquier caso:
[Léase a grito pelao] Aaagh, que tengo el cuchillo jamonero en la ingle pa cortarme la femoraaal, qué horror, qué espanto, que se me lleven los demonios ahora misssmo, que me parta un rayooo, que me inviten a una despedida de solteraaa. Lo que sea, me da igual, todo menos estooo. ¡¡¡Que han puesto jabalí con uveee!!! En el menú en castellano. Del hotel. ¡¡¡En un hotel de cinco estrellas!!! ¿Pero tú sabes lo que vale el menú ahí? ¡CIEN BOLLOS! ¡CIEN BOLLOS Y ESCRIBEN JABALÍ CON UVE! ¡JA-FA-LÍ! Y lo más grave es que les he dicho que yo también les podía hacer la corrección del original en castellano y no me ha contestaaado, ¿¡te lo puedes creer?! Ja-fa-lí. ¿Serán impresentables? Que venga dios y lo veaaa. Ay, señor, señor, ¿qué hecho yo para merecer esto?
Plato de jabalí, con be de Barcelona.
A esto siguió, como corresponde, una muestra de insultos, imprecaciones y letras chinas de lo más selecto de la lengua española (todos referidos a los familiares de los trabajadores del hotel y sus preferencias sexuales, como corresponde en estos casos). A punto estuve de llamar al 112, pero claro, los llevo fritos, entre la abuela del hacha, el olor a muerto y otras dos veces que no os he contado porque todavía no tenía blog: una por un andamio que terminó cayéndose (y a los pocos días, la finca que había detrás, os lo juro) y otra por un tufo a gas que salía de una nave que hay aquí al lado y que se solucionó con una visita de unos bomberos con trajes de buzo y unos aparatos que les habían regalado en la NASA y que no sabían manejar, que esa fue muy divertida.
La segunda vez que Sihaya me llamó estaba de mejor humor:
Oye, mira, a ver cómo lo ves tú, que tengo que traducir potage, que no sé yo si no será una manera francesa de cocinar los garbanzos, ya sabes, un potaaash [nasalizando] de garbaaang à la melaaansh de la poulaaard avec le sues verdurettes, que ya ves tú la pobre poulaaard, ¿cómo van y le piden SUS verdurettes? Oye, maja, a ver si nos das tus verduritas y allá que va la poulaaard a darles sus verdurettes con un merci mal pronunciado (que la poulard habla francés, pero malamente, que no pasó del segundo de la Escuela Oficial de Idiomas, porque tenía un profesor gramatico - traslacional - generativista, el muy anticuado).
Y hoy ya me llama que se le saltaban las lágrimas:
Juajuajua, jaté, juajuajua, atjóóó, atjóóó, que no puedo ni hablar, juajuajua, uuuu, atjó, tengo que dejar de fumar, juajuajua, juaaajuajuajuajua. Esta es la mejor. Me envían un menú para traducir, en Comic Sans, no te lo pierdas, un menú de los de siempre (ya sabes, unas lágrimas de verduras y legumbres en ensalada de crudite [sic.] y una coca de sardina con puré de cebolla, tomate casee, vinagreta de choriceros y dados de manzana [sic.]) cuando me encuentro con una patata rustica [sic.] y me pregunto que ya ves tú, qué será una patata rústica, porque ¿de dónde van a sacar las patatas si no?, ¿de la autopista de circunvalación de La Coruña?, pero bueno, oye, no le doy más importancia porque le querrán dar un toque casero, claro, después de la vinagreta de choriceros, igual es lo que toca, así que yo sigo. Al poco me encuentro con un rape en romesco seco con mini verduras y ensalada de perejil con cilindro hidratido, que total, lo del hidratido, a cualquiera se nos puede ir el dedo, será hidratado, pero lo del cilindro ya me escama. Así que le envío un correo electrónico al, y perdona por la palabra que voy a utilizar, individuo que me envía las traducciones habitualmente preguntándole acerca del famoso cilindro hidratado. ¿Y a que no sabes lo que me ha contestado? Es que es fuerte, me dice que “se le añade agua al cilindro para que este en su forma natural o fresco” [aquí le dio un ataque de risa, omito los juas, juas y los atjó], porque fíjate, ¿tú te imaginas al cliente preguntándole al camarero?, perdona majo, ¿qué son los cilindros hidratados?, y el camarero, muy serio, responde algo así como pues mire, caballero, los cilindros hidratados son unos cilindros que metemos en agua para que conserven su forma y textura, buenísimos, oiga (bajada de pestañas), y al cliente poniendo cara de pez (hidratado, claro).
Total, que ante semejante explicación, me dije a mí misma que si en castellano no se entiende, pues en inglés tampoco, y le envío la traducción de hydratated cylinder y me quedo más ancha que larga, oye, y ya saldrá el sol por Antequera, o por Antecuaaar, yo ya he hecho lo que mi profesionalidad me exige, o sea, preguntar. Además, después de otros platos como el bacalao con pil-pil de azafrán con thian de manzana y pera o la corvina con trinchat, jugo rústico y cristal de algas, que hay que tener mala leche para ponerle a alguien cristal de algas en un plato esperando que se lo coma… y se desangre, pues lo del cilindro hidratado quién sabe si puede tratarse de una nueva técnica de cocina francesa mínimal - zen - fusión - mediterránea y no voy a decir esta boca es mía no sea que quede de paleta en adelante y se estén riendo de mí hasta que la poulard se quede sin sus verdurettes. Así que se quedó tal cual: hydratated cylinder y ahí se apañen.
Total, que hoy me escribe el susodicho individuo y me pregunta, atención, oye, bonita, ¿podrías decirme, tú que eres tan amable, cómo se dice en inglés “patata rustida” y “cilantro hidratado”? Graciaaas.
Hasta el perro Manolo dio un salto de la carcajada que pegué, con los tuétanos que me temblaban de la risa y el azúcar por las nubes. Y aprovecho para decir que lo de los nombres largos de los platos es una ordinariez y de un esnob que tira para atrás que, además, está pasado de moda y es muy de rancios.
Esta ha pedido un evasé templado de tomate con aire de estroncio y minivinagreta de Ribera de Duero con aliento de aceite de arbequina toledana en su propio jugo.
Moraleja: si vais a un restaurante y veis en la carta cilindros hidratados, no os riáis ni degolléis al camarero, que probablemente no es culpa suya, sino de un jefe choricero y un cocinero hortera a rabiar.
PD: “Fideuà” se escribe sin ge.
PPD: Este post ha sido redactado con el permiso y la colaboración de Sihaya.
PPPD: Ahora en serio. Vamos a ver, yo voy a un restaurante de cinco tenedores, leo la carta y veo timbal de patata asada, tirabeques y lascas de trufa de berano, y ya puede estar bueno el plato que me quedo con la be de berano, me da para dos post y medio y me estoy partiendo los tirabeques (y el culo con frisé de naranja sanguina y aire de pimiento choricero) hasta el día del juicio final. Lo de siempre, que sea en el bar de la esquina, vale, que sea en un establecimiento de este tipo, no tiene perdón, como si Coca-Cola pusiera su logotipo en Comic Sans o que Leonor nos saliera rojilla y republicana. ¿Te imaginas que risa? ¡Ay, madre!








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