Ay, señor. Yo es que no entiendo la movida, con lo fácil que es.
Primero: la lengua sirve para comunicarse. Usar el asunto para ganar votos me parece mezquino y rastrero, además de ser de un paletismo supino, como ha estado haciendo el gobierno de la Comunidad Valenciana desde hace ni se sabe ya.
Segundo: es tan fácil (y carisísimo) como garantizar a cada uno de los ciudadanos de este país que estudie en su lengua materna. Cualquier imposición es mala. A ver, repetid conmigo: imponer es malo. En eso estoy en desacuerdo con Malayerba, por muy legitimada que esté una ley por el voto de los ciudadanos, no quiere decir que esté bien hecha, más aún si se impone una discriminación (en el sentido amplio). A todo esto, confieso que no sé cuál es la situación en Cataluña, la desconozco, pero creía que los padres podían elegir la lengua en la que estudian sus hijos. Me corrijan si no es así.
Tercero: garantizada la educación en la lengua materna del estudiante (y no solo eso, sino también que la Administración atienda sin excepciones a cualquier ciudadano en su lengua), me parece justo y necesario, como dicen los de la secta, que todos los ciudadanos conozcan la otra (si el estudiante es castellanoparlante deberá estudiar y conocer a fondo la lengua autonómica y al revés), puesto que todos estamos obligados a saber las dos lenguas y el D E R E C H O a usar la que nos salga de la peineta (de fallera, de sevillana o de lagarterana, si es que llevan peinetas).
Cuarto: en las comunidades bilingües EXISTE EL DERECHO A USAR LA LENGUA QUE CADA UNO CONSIDERE, el DERECHO, el DE-RE-CHO. Esperar que un valenciano de Alcoy conteste en perfecto castellano a un extremeño es igual de estúpido que montar el pollo porque un moscovita no nos ha contestado en bantú noroccidental.
Quinto: más fácil aún. No somos todos iguales, sino lo contrario, somos diferentes. Es una injusticia discriminar a los ciudadanos por el grado de conocimiento de tal o cual lengua, sea el castellano o el volapük. Lo que pasa es que a nuestras administraciones autonómicas les sale más barato exigir que todos sepamos las dos lenguas (así seas del Sagunto profundo o de Utiel Occidental)que contratar a dos funcionarios, uno por cada lengua, para cada puesto, que es a lo que deberíamos tender.
Sexto: según la lógica del manifiesto, oiga, a partir de ahora educación obligatoria en inglés y punto pelota. Más universal que eso, el mandarín o el esperanto.
Séptimo: obsérvese el caso de Finlandia. ¿Que tú hablas en sueco en casa? Pues estudias en sueco en la escuela. ¿Y tú? ¿En finés? Pues clases en finés. Y pa todos, el inglés, seis o siete horas a la semana con unos profesores formados que te cagas y a joderse todo el mundo. ¡Ah!, y la competencia lingüística y el amor y la conservación de la cultura propia no viene de que los letreros de las calles estén en finés o en sueco, sino en que cada uno se lea sus clásicos, sus modernos y sus cómics en la lengua de cada cual. Y ahí están el finés y el sueco: vivitos y coleantes, con cinco y nueve millones de hablantes y nada, que no se extinguen. Digo yo que porque sea obligatorio el catalán en Valencia, el castellano no pasará a mejor vida.
Octavo: me fastidia el mensaje apocalíptico que sobrevuela cual buitre, el de “el castellano está amenazado”. No lo entiendo, la verdad.
Y más que se me queda en el tintero. He dicho.
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