Marian y el solsticio de verano
Ay, qué noche, señor, qué noche. Intuyo que el Día del Orgullo Yonki está al llegar. O eso, o que el solsticio es incompatible con la drogaína y potencia sus efectos secundarios. A eso de las 2 de la madrugada, con todas las ventanas de par en par para no recocerme de la caló, empiezo a oír que un tipo estaba dando voces en la calle: Maaariaaan, ¿dónde estás? Mariaaan, ¿¡Mariaaan!? Al principio no le di la más mínima importancia porque a esas horas y por estas calles puede oírse de todo, desde los clásicos te voy a matar y ¡policía, policía!, hasta el sorprendente villancico gitano todos los veinticinco de julio a las nueve de la mañana y quiero decir que todos los veinticinco de julio a las nueve de la mañana le entra a un vecino la cosa navideña y y deleita a la barriada con el camino que lleva a Belén a todo volumen y con un porompompero al final de cada verso, que así cualquiera hace una rima. Insisto: todos los veinticinco de julio a las nueve de la mañana. Comprobado empíricamente. Y entre esto y la bruja del hacha vais a pensar que el Bronx es una guardería en comparación con este barrio. Lo sé.
Volviendo a la historia, se conoce que Marian tiene el sueño muy profundo muy profundo muy profundo porque uno a uno, todos los vecinos fuimos despertándonos y nos sumábamos a un rosario colectivo a Nuestra Sra. del Rohipnol con la esperanza de que Marian se despertara o, en su defecto, le diera un infarto fulminante a su insistente trovador (o se le destensaran las cuerdas vocales, claro que entonces, en vez de Mariaaan tendríamos Moriooon). Como Nuestra Sra. del Rohipnol no estaba de guardia (aunque lo suyo es que estuviera narcoléptica, ahora que pienso) resulta que ni Marian se despertó ni su bardo particular desistió de jodernos la noche. Yo ya tiré por la calle del medio, cogí un libro, me puse un vaso de leche y arramblé con los crispis o algo, ya no me acuerdo de lo que era, de tan mala hostia que estaba yo, solo espero que no fuera el pienso del perro Manolo, que a todo esto, entre tanto Mariaaan, tanto Marian solo le faltaba la bata de cola al pobre chucho: guau, guau, Mariaaan, guau, guau, Mariaaan, guau guau, Mariaaan, así un buen rato, imaginarse qué de risas, oye, qué de tranquilidad se respiraba anoche por aquí, oiga, vamos, como pa grabarlo y ponérselo en el iPod a un neurocirujano. No sé por qué nadie le tiró un pozal de agua ni llamó a la policía o a los servicios de atención psiquiátrica urgente. El caso es que el tipo se calló y no sé por qué, de hecho he estado investigando y Saturno no pasa por Acuario hasta enero del año que viene, así que no puedo explicármelo.
Ahora me pongo serio. Pensé en:
a) salir, tirarle un cubo de agua y mandarlo a la mierda,
b) salir, decirle que Marian me había dicho que tenía que ir esta noche a no sé dónde y mandarlo a la mierda o
c) llamar al 112 y mandarlo a la mierda.
La primera opción, la descarté. Después pensuve en serio la segunda porque me parecía bastante más piadosa que la primera, claro que corría el riesgo de que los vecinos del código postal contiguo me mandaran a mí de vuelta a la mierda. La única que me quedaba era llamar al 112 porque o bien King-Kong era un mono churuco al lado del que tenía este tipo (obviamente, un mono aullador) o bien estaba mal del ceLebro, pero mal mal mal y le había dado la crisis en plena noche. Sea como fueeere, lo suyo habría sido que hubieran venido y se lo hubieran llevado al hospital más cercano para que dejara de sufrir (y, de paso, que nos dejara dormir a los demás) porque el pobre estaba verdaderamente angustiado. Y lo digo sin sorna.
No sé qué habríais hecho vosotros, pero el asunto me interesa, así que espero vuestras opiniones. ¿Las opciones?, las de arriba (o cualquiera que se os ocurra).
PD: Por cierto, los que leéis con la PDA, ¿podéis enviarme un correo? Es por hacer un fondo común y repartir parches negros para todos y esas cosas. Bueno, ya sabéis.








15 comentarios