Declaraciones y agradecimientos
Hale, ya he hecho mis declaraciones: me las he hecho yo solito -¡gracias, Sihaya!-, con estas manitas… ¡yo!, que he olvidado las tablas del seis al ocho, no quepo en mí de gozo. Ayer estuve toldía ahí, dale que te pego a las declaraciones, a las tantas de la noche me di cuenta de que había metido el remo y tuve que volver a calcular todo cuando ya las tenía pasadas a limpio -sí, yo me paso a limpio las cosas-. Y luego, esta mañana, me he ido prontito a Hacienda con todos mis papeles a que la señora del mostrador -mira que son amables- me corrigiera cual profe todos los papelorios. Incluso le he dicho, y no es coña: buenos días, vengo a que me corrija esto. Me ha puesto cara de salmonete y le he explicado mire, es que no me salen a mí estas cosas, ¿podría decirme si está todo bien?, lo ha mirado todo con cara de Marilla Cuthbert y me ha preguntado algo así como peroandetienes ladeclaracion delcienporcien queestaenlosdevengos delasimportacionesintracomunitarias, ¿eing?, ¿eing?, ¿eing? hombrepordió, entonces hemos puesto cara de merluza y sepia asesina respectivamente y me los ha devuelto con un todo bien. Acto seguido los he vuelto a coger con venerable respeto y le he agradecido: da gusto venir aquí, siempre salgo con to solucionado, muchas gracias [sic], que uno sabe agradecer la ayuda de personas bienintencionadas, y las de Hacienda lo son, pese a las leyendas urbanas que circulan por nuestra España querida.
He hecho mis declaraciones yo solito. Oiga, es que estoy de un orgulloso.
























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