Los buenos traductores van al cielo
He aquí una muestra de lo importantes que son los buenos traductores para el desarrollo de la economía global.
Ayer fuimos a un Supermercadona chino [sic.] de la City of the Flowers, también llamada Flower Capital o Rita Village of Camps and Zaplanator. Compramos de todo, uy lo que compramos: fideos chinos, empanadillas de carne indefinida -mu güenas, oiga-, caramelos de jengibre, licó de flole, chorradas varias y salsa de soja, a. s.: china y japonesa, que tenemos el morro fino, que se dice. Pero andaba yo buscando una salsa de soja marca Seagull y me cosqué de que no había, así que me encontraba ante la dramática duda de coger la salsa marca Yia-Yia-Sang y la Feng-Li-Mei. La de la marca Yia-Yia-Sang iba muy bien envasada pero valía unos cuarenta céntimos más y la Feng-Li-Mei era más económica, pero la presentación no era de lo mejor. Así que decidí tirar la casa por la ventana y me llevé la cara, no vaya a ser que los invitados me digan que no escojo los ingredientes más selectos.
Al llegar a casa cojo la botella:

Miro a la izquierda y sonrío (obsérvese en el Modo de empleo el desliz en la sintaxis, salsa de acompañante, por si tu acompañante es demasiado soso):

Miro a la derecha y me descojono (mirad lo que no contiene):

Por eso decía que los traductores son parte fundamental en el engranaje del comercio mundial. Claro que siempre me cabrá la duda de si, efectivamente, se trata de una traducción correcta. Por si acaso, compraré siempre salsa de soja de la marca Yia-Yia-Sang, no sea que la Feng-Li-Mei sí contenga preservativos.
Que os comáis muchas monas.








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