¡Qué ingratos son los políticos!
Votados están. Y los resultados dicen que no van a salir los que yo he votado, vamos, que nanay de la China, pero nanay, nanay, que yo me pregunto quién o qué sería nanay y por qué, precisamente, de la China y no de Namibia o de Islandia. Bueno, pues eso, que he votado. Y no sé vosotros, pero yo he tenido que hacer un curso acelerado de papiroflexia para poder votar a mi senador -sí, MI senador, como MI dentista y MI coloproctólogo o como se diga, aunque en propiedad tendría que llamarse rectólogo o culólogo, pero esa discusión se la dejo a otros-.
Bueno, he doblado y desdoblado y vuelta a doblar la papeleta para el Senado ni sé la de veces. Y luego se salía del sobre, y vuelta a sacarla y vuelta a meterla, un no parar con la puta papeleta del Senado. A punto he estado de votar en blanco, jate cómo me he puesto. ¡Ah! ¡Había una interventora! Sí, sí, una interventora. Es la primera vez que veo una, oiga, lástima no haber cogido un paquete de pipas: me habría sentado en una sillita de las de prescolar y, hala, a pasar el rato, pero no. He buscado a ver si había alguna señora palomitera, no la de los cines, sino la que vende bolsitas de maíz pa las palomas, pero no había ninguna. Le habría tirado ahí los maíces, pitas, pitas, pitas, no, mejor citas, citas, citas -de interventor-citas–, no, ni un mísero cuscurro de pan he encontrado pa la interventora, que parecía una raspa. Serán los padeceres de la campaña y la precampaña y la anteprecampaña ésta que venimos sufriendo desde mayo del año pasado y que deterioran la salud de los interventores y las interventoras de esta gran nación.
Resumiendo y vuelta a lo mismo, que ya he votado. Ya he cumplido con mi deber de ciudadano, el único que parece que tengamos en este país. Sólo nos dan un pase para la fiesta de la democracia, pero no un pase vip como a Norma Duval o al primo de Pepe Blanco, no, que ahí no había ni ganchitos, ni cortezas, ni mirinda, ni na. Con lo que se han gastado en papel, que hasta el partido del porro tenía ahí dos montañas de papeletas y a nosotros ni un yangüis de fuagrás que nos dan por darles trabajo. ¡Qué ingratos son los políticos!
PD: Escrito con una botella de vino en el cuerpo.








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