Me duele el culo
Todavía me duele el culo
por una caída.
Y voy de culo
por el curro.
No será un soneto, pero una rima bien maja sí que me ha salido, es que soy un artista. Con un poco más de esfuerzo me sale un romance, el problema es que en estos momentos no dispongo de material poético, quitando el leñazo que me metí el otro día por obra y gracias del ayuntamiento de Puzol y sus compinches. Cagonelalcalde. Seguro que es del PP.
El caso es que andaba yo camino de la estación después de una clase de no recuerdo qué tiempo verbal, iba justo de tiempo y las aceras parecían un tobogán de los de parque acuático. Como era de esperar: ¡patapum! Pero patapum patapum. Caída de culo y libros desparramados como una baraja. Me quedé tan atontado que vinieron en mi auxilio dos peatones, preocupados por si me había pulverizado la curcusilla, que es como llaman en la serranía valenciana al hueso ése que no sé pa qué está si no es para rompérselo. Afortunadamente mi curcusilla está intacta o lo parece, que para el caso es lo mismo. Después de embutir los libros y papelorios varios en la cartera, uno de los peatones me dijo que íbamos a perder el tren y que si me encontraba bien que pusiera pies en polvorosa –o mojarosa– y allá que eché a correr. Pero no es lo mismo una carrera así normalita de perder el tren, ay, que pierdo el tren, que pierdo el tren, que hacer los trescientos metros lluvia con un paraguas en la mano, la cartera en la otra, completamente mojado y embarrado y con un dolor de culo que ni… que ni… me voy a callar porque iba a ponerme muy grosero y no quiero meterme con ningún obispo. Cual Robocop del siglo XXI alcancé el tren y mi compañero, cuyo nombre desconozco, estaba más que dicharachero, estaba dicharachérrimo, me dio conversación más allá del hay que ver, qué mal están las aceras y qué mal tiempo hace y conseguí olvidar mis padeceres hasta que llegué a Valencia. Y con mi culo estropeado, la lluvia y con la música de la eliminatoria del Un, dos, tres resonando en mis oídos, llegué a mi última clase, hecho una sopa y unos zorros, de paso. ¡Ah!, y se me dobló una de las varillas del paraguas. Para rematar la faena, lo suyo sería que me hubiera desgarrado los pantalones, pero no llegó hasta allí. Cuando empecé la clase pensé: qué maravilloso episodio para un ejercicio de pasados. Pero paso, que las intimidades no se deben contar en clase.
Me duele el culo
por una caída.
Y voy de culo
por el curro.

PD: Sigo con Amélie Nothomb. He terminado la Biografía del hambre, que parece una continuación de la Metafísica de los tubos.








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