¿Te deprime San Valentín?
Mi ordenador sigue en su caja y mi síndrome de abstinencia informática sigue en aumento. Ayer, para remediarlo, recurrí a una dosis de Amélie Nothomb —Metafísica de los tubos es de lo mejor que he leído en meses–, un café que comenzó a las siete de la tarde y se dio por concluido a la una y media de la madrugada vía cena, café, copa y puro y bucho abor –sí, me refiero a ti, que cuando leas esto te va a dar un pasmo XD–. A propósito de amor, Lucía Etxebarria escribió en su blog:
Leiste en un libro de David Lodge que el día que más llamadas se reciben en el Teléfono de la Esperanza es San Valentín, seguido de cerca por la Navidad. Te identificaste por completo porque en ambas fechas te has sentido siempre tan desesperado que probablemente habrías llamado al teléfono, si tan solo hubieras sabido el número. A veces sientes unos deseos incontenibles de bombardear los grandes almacenes y las tiendas cuyos escaparates te recuerdan que en tu familia no hay paz ni amor, ni nunca los ha habido, y que no tienes novia que te vaya a regalar nada en una fecha tan señalada, que no sería señalada si los demás no se hubieran encargado de señalarla, con la sola intención de joderte a ti y a gente como tú a la que hacen sentir desclasada y sola, más desclasada y sola de lo que sienten el resto del año, que ya es decir. Pero hacerse con una bomba en los tiempos que corren es más dificil que encontrar el número del Teléfono de la Esperanza.
Del blog de Lucía Etxebarria.
Yo me pregunto si, efectivamente, hay gente que se deprime el 14 de febrero. Puedo llegar a entender lo de suicidarse en navidad: en definitiva echas de menos una época que has perdido, no a las personas, que a ésas las recuerdas el resto del año, supongo. Creo que nunca me ha dado el bajón un catorce de febrero por el hecho de que fuera catorce de febrero. Si he tenido algo que lamentar, supongo que ya llevaba la depresión puesta de casa, en un táper y dentro de una bolsa de Mercadona. ¿Padecer en San Valentín, una celebración que ni nos va ni nos viene a las personas de bien? ¿De verdad que uno recuerda al ligue perdido sólo ese día o especialmente ese día? Y si te deprime San Valentín, ¿qué pasaría si el 6 de julio celebráramos el día de la familia, el 28 de septiembre, el día de la factura de Vodafone y el 10 de diciembre el del ordenador libre de virus? ¿Programas para esos días una cita con tu psiquiatra? ¿Te cortas las venas? ¿Holocausto de cajeras de El Corte Inglés?
PD: No puedo contenerme y copio una frase de la Metafísica de los tubos, de Amélie Nothomb, ya sé que parece que me haya dado la obsesión por esta autora, igual sí, me la suda. Cosmética del enemigo no tiene nada que ver con ésta, pero también me gustó mucho. Si podéis, haceos con estas mininovelas, están al precio de un gintónic en la colección Quinteto (no he encontrado el enlace, lo siento).
Fue entonces cuando nací a la edad de dos años y medio, en febrero de 1970, en las montañas del Kansai y en el pueblo de Shukugawa, ante la mirada de mi abuela paterna, por obra y gracia del chocolate blanco.
Amélie Nothomb, Metafísica de los tubos, p. 36.








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