Los japoneses y el español
Hace unos días se me ocurrió escribir unos post sobre los acentos de mis guiris y las dificultades que se presentan en las clases de español para entender lo que te quieren decir aun cuando lo digan con una gramática impecable. Pero hete aquí que se me estaba haciendo muy largo y he decidido cortarlo. Así que empezamos con el japonés y ya veremos si otro día me llega la inspiración y puedo hacer otro sobre los holandeses, sobre los chinos y algunos más que he tenido.
La pronunciación japonesa
A los japoneses se les reconoce, además de por la cámara de fotos, la ropa de Issey Miyake y los ojos de recién levantado, por su pronunciación: ponen una u donde les sale del teriyaki. La razón, como en todos los guiris de Guirilandia, está en su lengua materna. El japonés tiene una estructura silábica que tiende a alternar consonantes y vocales: consonante - vocal - consonante - vocal, indefinidamente. Todo lo más es una semivocal –que representamos con una y al transcribirlo– delante de una vocal o una ene delante de una consonante. En filologiqués decimos que las sílabas del japonés –valga la rima– son abiertas, quicir, que siempre terminan en vocal, o cerradas por ene. Yokohama, Toyota, Tokyo (Tokio), Nintendo, Hiro Hito, se me ocurren a bote pronto. Por eso les resultan tan difíciles las palabras transliteración, occipital o septiembre. ¿Solución? Cuando hay dos consonantes juntas les plantan una u: turansuriteración, ocucipitaru, seputiembure.
Curiosamente, hay chicas que tienden a reducir alguna u entre dos consonantes, con lo que dicen ázcar en vez de azúcar. El lío es mayúsculo. Si además tienes una alumna que ha venido a España para hacer un curso de repostería, la cosa se vuelve siniestra porque no sabes si el ázcar gurasé es un ingrediente o un tipo de sushi. Cuando, por el contexto y al cabo de diez minutos, te coscas de que es azúcar glasé, sueltas un ¡ah, coño! que se oye hasta en el Fujiyama.
Además no distinguen entre la ele y la erre. Las alternan como les rota. De hecho, interrogada una japonesa del mismísimo Japón sobre si oía la diferencia entre témpura y témpula, la conversación derivó en el siguiente diálogo:
Yo: A ver, entonces, H., te voy a decir dos palabras y me dices si oyes la diferencia, ¿vale?
H.: Vare.
Yo: Témpura.
H.: Ahá.
Yo: Témpula.
H.: Ahá, ¿y ura segunda?
Yo: No hay más preguntas.
Al contrario que los chinos, que tienden a pronunciar ele en lugar de la erre –un tópico que es cierto a medias, porque sí tienen erres, según interpretan algunos–, los japoneses tienden a usar la erre.
Si nos ponemos quisquillosérrimos también nos daremos cuenta de que no pueden pronunciar la sílaba ju-. En su lugar dicen fu- pero rarísimamente, vamos, que no apoyan los dientes de arriba en el labio de abajo como nosotros, sino que juntan los labios como para decir u y luego sueltan aire. Entonces dicen vamos a fugaru o el turiviar es un fuego muy diverutido.
Utilidad
¿Para qué sirve todo esto? Muy sencillo. El mejor restaurante japonés de Valencia pertenece a una familia china. Y oiga, hay que ver qué témpura más rica que hacen. Pero los hay que discuten la procedencia de los propietarios vehementemente, lo que me toca los sushis, pero vamos, tolón, tolón, tolón, te toco los sushis, tolón, tolón. Así que ya sabéis, si en vuestro restaurante japonés de referencia os dicen gurasias después de haber pedido, tendréis ante vosotros a un genuino japonés de Japón. Si por el contrario oís un glasia, el japonés os habrá salido rana y será un gran aficionado a las ancas de ídem.
PD: Disculpad esta parida, pero hoy he tenido un día muy malo.








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