Suicida en hora punta
Son las seis y veinte de la tarde y acabo de llegar a casa. Al salir de la estación he visto que la calle Guillén de Castro –una de las calles con más tráfico de la ciudad– estaba cortada, pero los municipales, como se decía antes, me han dejado pasar. Continúo y al llegar al cruce con Àngel Guimerà me encuentro con un nuevo control. Estaban desviando todos los coches hacia Fernando el Católico, pero me han vuelto a dejar pasar. Continúo y a lo lejos veo una discoteca de luces policiales, bomberos y ambulancias. Y cada vez más gente. A unos trescientos metros de las Torres de Quart veo que la gente se apelotonaba en las aceras. Todos estaban mirando hacia el monumento: había una persona de puntillas en el borde de la almena. Un suicida.
¿Cuántos espectadores había? Soy malo contando, pero a bote pronto, ¿ochocientas personas? ¿Mil? Muchas, en todo caso. Las aceras estaban completamente llenas desde la calle Lepanto hasta la entrada a la calle Turia, como en fallas. Habría que haber llamado a los del Manifestómetro, que esos sí se enteran. No he parado pero me ha dado tiempo a ver que todo el mundo estaba haciendo fotos con los teléfonos móviles, cuando no llamando para retransmitir a sus amistades y familia cercana que estaban siendo testigos de un hecho que cambiará para siempre el mundo. Había tres camiones de bomberos, dos ambulancias y muchísimos coches de la Policía Municipal, una grúa y un colchón que ya lo quisiera pa mi casa.

El suicida estaba justo en el borde derecho de la almena de la torre este.
Compruebo en Google Maps que la policía ha cerrado al tráfico 1,2 km de calle, en el centro de la ciudad y en plena hora punta. Desconozco el coste que tendrá en personal y medios el rescate, y conste que no digo que esté mal, al contrario, una vida es una vida y, ante la duda, cualquier medio es poco. Y es ahora cuando me arriesgo a quedar como la chata, pero me pregunto por qué unos montajes espectaculares dignos de “La jungla de cristal” en este caso y sólo un par de periodistas en otros. Seré un ingenuo. O un ignorante.
Calle cortada, en azul.
Luego está el asunto de las fotos y los vídeos con el móvil. ¿Para qué quieres una foto de un tío que quiere suicidarse? ¿Un recuerdo, como del viaje de novios a Cancún? ¿Por qué no te guardas la mierda que cagas después de una buena comida? Eso sí sería un buen recuerdo. Luego viene el morbo, claro, aunque ya puestos, córtate las venas, fílmalo y cuélgalo en YouTube. Puede que esté volviendo a pecar de ingenuo, de ignorante o de hipócrita. Me da igual, pero qué mal cuerpo. Qué raras somos las personas humanas, tú.








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