Los funcionarios de buen corazón existen
He sobrevivido a un día de infarto en el que he tenido que confesar a una funcionaria que no me aclaro con los impresos y que, por favor, tuviera la amabilidad de explicármelo por octava vez consecutiva omitiendo los tecnicismos legales y administrativos, y tengo que decir que la paciencia de esta señora ha sido de manual. Desde luego, si es católica, se ha ganado un billete al cielo en business class y sin escala con derecho a asiento cerquita de la Virgen de Regla, que me han entrado ganas de agarrarla de los mofletes y colmarla de besos castos, porque además tenía cara de bulldog. Y sí, cuando veo a un bulldog me entran ganas de agarrarlo de los moflos. Seguro que me lo ha notado, que para eso de ocultar mi ánimo soy un desmañado. Y es que cuando un desconocido te regala flores o, en su defecto, un funcionario te explica de manera comprensible los entresijos del IRPF, pongamos, te das cuenta de que Hobbes era un agrio que se hacía las manolas mal, seguro.

A continuación, se me ha abierto el cielo –van dos veces– porque he conseguido solucionar cierto papeleo que me daba verdadero terror. Tantas veces me habían hablado del formulario H-056, démosle ese nombre, que pensaba que iba a enfrentarme a un monstruo mezcla de Esfinge, Sauron y Pilar Tabares. Luego ha resultado ser una larga serie de aburridos papelotes de color amarillo que me han rellenado gracias a que todavía hay gente misericordiosa en este mundo. Y menos mal, porque la primera, en la frente: ¿Tiene personalidad jurídica? ¿Qué contesto? ¿Que sí? ¿Que no? ¿Que soy más obsesivo que depresivo a la par que neurótico? ¿Que mis amigos dicen que tengo mala hostia? Luego me he enterado de cosas como que la producción del mejillón es una actividad económica que no forma parte del hecho imponible (sic.) y me he encontrado con sintagmas del tipo rendimiento neto de las actividades económicas por el método de estimación objetiva durante el ejercicio en curso, que yo me pregunto si es que también existe la posibilidad de una estimación subjetiva aunque sospecho que no, porque entonces habría casillas para sí, no o pichí-pichí. Os juro que me costaría menos entender un tratado de metafísica de la mismidad humana en copto tardío suroccidental que los formularios de la Administración.
Que sí, que está bien que los papelotes usen un vocabulario objetivo y claro –aunque sea para funcionarios y asesores–, pero podrían dar una guía para autodidactas explicando las casillas tal que así:
(1) Aquí me escriba usted su nombre.
(302) Aquí me ponga lo que ha ganado menos lo que sale en la casillita de IRPF.
(5229) Aquí me escriba en mayúsculas el nombre de soltera de su madre.
(30592) Aquí me ponga el numerín que sale en la parte de abajo a la izquierda de color verde azulado que está junto a la compulsa de la foto de la comunión y el bonobús gastado de la semana pasada.
Lo dicho, que los funcionarios de buen corazón no son una leyenda urbana.








12 comentarios