Tradiciones navideñas (2)
Hoy no estoy muy católico porque, ¡oh tragedia!, me he levantado prontísimo, cuando las calles todavía no estaban puestas, que dicen por ahí.Y hasta aquí puedo leer porque sonaría a que me estoy cachondeando de los que se tienen que levantar pronto por obligación porque a alguien, que no sé quién sería, pero tenía muy mala leche y seguro que era empresario, se le ocurrió lo de que trabajar por la mañana es mejor, estamos más sanos, todo el mundo se quiere y esas cosas, aunque he podido comprobar que no es así. La gente que ha desfilado ante mí tenía cara de muy pocos amigos y el tren parecía un hospital de heridos de guerra, todos dejados caer por los rincones, apoyados en los cristales y suspirando. Para más inri, llovía –y llueve– a cántaros, con lo que esta mañana el centro de Valencia parecía El Cairo durante el monzón. ¿O en El Cairo no tienen monzones? No sé, da igual.
Como no hay mal que por bien no venga, al menos eso dicen, me ha dado tiempo en la estación a terminarme lo que estaba leyendo y a empezar la novela de Stephen King que habéis tenido a bien recomendarme, aunque justo cuando estaba cogiendo el hilo han anunciado que la próxima estación era la mía y por aquello de no llegar tarde y tener que coger otro tren de vuelta en Castellón me he bajado, a mi pesar, con lo calentito que se estaba en el vagón, entre tanto vaho, ronquido y colonia mañanera, que salido con la pituitaria hecha unos auténticos zorros. Cuando he llegado a dar la clase, mis estudiantes se han descojonado de mí en mis morros porque parecía recién salido de La noche de los muertos vivientes y todo apuntaba a que me habían dado el papel el de Master of the Zombies a la vista del aspecto que presentaba. Claro, las ganas que tenía yo de lolailo en forma de actividad comunicativa para repasar ciertos verbos irregulares eran las mismas que las que tiene el programador de Telecinco por emitir a las seis de la tarde un documental sobre la cosmogonía del Schopenhauer temprano, y nunca mejor dicho.
Menos mal que la divina providencia ha acudido en mi ayuda y he salido del paso gracias a una pregunta que me han formulado en el momento justo y me he visto obligado con alivio a pasar a otra cosa para terminar la clase dando una detallada descripción del sorteo del sábado, que es igual de difícil que explicarle al obispo de Mondoñedo que las mujeres también son libres y obra de dios y, como tales, pueden abortar cuando les salga de la figa o del coño, según seas de la huerta valenciana o de más allá, respectivamente. Bueno, a monseñor no se lo explicaría a sí, claro, no fuera que me vayan a desacreditar y vayan a decir luego que, claro, es que era un malhablado y un energúmeno.
Sudores de la muerte me han entrado cuando he tenido que contar que millones de españoles se dejaban cien eurones de vellón, cuando no más, por pura tradición, porque al fin y al cabo nadie se hace rico con el sorteo de marras. Y que la mitad del dinero que nos gastamos en lotería es por puro recelo, en estas fiestas tan entrañables y familiares y de paz y de amistad, no sea que le toque al vecino y a ti no, porque entonces se te llevarían los demonios con fanfarrias y sonado jolgorio. Entonces me han salido con aquello de que en España, las tradiciones navideñas son muy sui generis –en este caso, nuestri generis– y que no entendían, por ejemplo, lo de que tengamos comilona el 24, comilona el 25, comilona el 26, según autonomías, claro, comilona el 31, comilona el 1 –ésta se puede sustituir por vomitona, al gusto– y comilona el 6 y cuando no puedes más, para rematar la última, te tienes que tragar un pedazo de 10 x 10 cm de un bizcocho que ha costado un potosí y está sequísimo con frutas escarchadas más secas todavía porque manda la tradición, a riesgo de dejarte un piño, jatetú qué gracioso, y después, si eres superafortunado, repito, su-per-a-for-tu-na-do, entonces tienes que ponerte una corona de cartón como en el Burger King mientras toda tu familia grita que eres el rey y ya verás qué de suerte tienes este año, porque lo dice la puta tradición. Por no mentar las cenas de navidad con la empresa, que eso sí es una tradición y lo demás son cuentos, y que consisten en ir vestidos de boda, cenar en un salón de ídems dos langostinos pasados, un cacho turrón del duro y una copa de cava semiseco, hacer como que te lo pasas pipa con alguien a quien probablemente hayas criticado más de una y más de dos veces y terminar con la ya tradicional cogorza de cena de empresa con resaca de regalo y todo esto a cuenta de la tradición, que es la que manda. Y con eso ya tenemos una semana de paz y concordia en nuestras oficinas.
Ojiabiertos, boquidifusos y patipláticos se quedan los guiris que andan entre nosotros ante semejante derroche de tradiciones, imaginación mediante, cuando añado que la mayoría de nuestras familias se arruinan en quince días, como manda la tradición, y están deseando que pasen cuanto antes para meterse de lleno en las rebajas. Por no hablar del atragante con las doce miserables uvas –que no sé si os habréis dado cuenta, pero son las más grandes del año– que ya se venden en latita y peladas, ¡qué bonita tradición, oiga! Y yo propongo que ya que los viticultores y vinicultores y cavicultores de nuestra España se están forrando con las botellas de cava en las que han metido una pizca de oro, sólo para los cotillones más selectos a la par que ordinarios, pues que esta nochevieja, en vez de uvas, nos zampemos doce aceitunas sin hueso –como los ojos– para alegría de los olivicultores jiennenses o jaenenses.
Y no nos olvidemos de la cabalgata de Reyes, que es de lo más sonado entre guiris europeos por aquello de ir a ver a tres concejales borrachos encima de una carroza vestidos de Drag Queens, o de Drag Kings, no lo sé, y ojalá que no se pase ninguno de ellos por Alfara del Patriarca, un pueblo cerca de Valencia, que ya es la monda: los Reyes Magos no tiran caramelos, no, juro por lo más sagrado que los Reyes Magos de Alfara del Patriarca ¡tiran fiambreras! ¡Y fregonas! Insisto, espero que ninguno de mis guiris se pase por ese sitio el cinco de enero, porque me corto las venas.
En fin. El día 28 tengo también clase con ellos. Espero que, para entonces, ya se les haya pasado el interés por las tradiciones españolas en estas fiestas tan familiares y yo ya me haya despertado.








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