Un ultra en el cercanías
Ayer, como cada lunes, tuve que coger un cercanías para ir a dar mis clases. Es un tren habitualmente tranquilo, la gente siempre va callada o habla en voz baja. Lo positivo: que te puedes concentrar en un libro. Lo negativo: que cuando te asaltan las ganas de cotillear, no hay material, como en los autobuses de la EMT (valencianos: la mejor línea es la 5, siempre hay alguna conversación interesantemente truculenta para poner la oreja).
Bueno, subo –coge la bici, apártala, átala para que no se vuelque– y me siento junto a una de las puertas del vagón. En eso, monta un tipo de unos 20, de pelo corto y aspecto peligroso, hablando por el móvil a grito pelao (NOTA: los nombres, no los recuerdo, uso aquí los estándar en estas ocasiones):
Sí, tío, espero que me dejes bien, porque esta empresa no es como la Levantina, aquí la peña es muy seria, que te he conseguido el curro, no me dejes mal, ¿eh?
Conectando los sistemas de cotilleo. Me dispuse a atender con la mayor diligencia lo que semejante pedorrillo tenía que contar a su amigo, así, bien claro, para que todos nos enteráramos de que le había dado un curro que te cagas a su colega, de vigilante, aunque curro que te cagas y vigilante sean sintagmas incompatibles en una oración atributiva.
Que sí, tío, supercañero, al Negro le han metido una multa que te cagas, 5.000 euros […] y al resto de los Yomus, también […] hijos de puta […] sí, tío, por lo de Pamplona.
¡Ángela María! Ya lo tenemos. Yomus (ultras del Valencia CF). Ahora entiendo lo de la vigilancia y lo del curro que te cagas. Sigue la conversación:
Pues nos fuimos a probar el coche a Madrid, la Sheyla y yo, ahí, pim pam pim pam, a 190, a 210, tío, va que te cagas el coche.
Entenduve que la Sheyla era la chati del menda y que habían pillado el buga pa probarlo, se fueron a Madrí a 190 y no los trincó la poli. Pienso que qué bien que ahora sea un delito conducir por encima de los límites de velocidad cuando los coches que puede comprar un niñato pueden coger los 200 sin inmutarse. A continuación:
Pues tío, si me meten en la cárcel, ¿qué más da? Mejor que en la cárcel no voy a estar, además, cuando pasábamos por los sitios con radares, le decía a la Sheyla que lo llevara ella, y si me trincan, pues la boda en la cárcel.
Estupendo razonamiento: voy con el coche a chorrocientos por hora y pa que no me trinquen, le digo a la novia, con la que me quiero casar, que conduzca ella, que si alguien se vaya al trullo, pues que manden a la Sheyla, total, no vale pa na. Para mi disgusto, éste delincuente, que además se pavoneaba de serlo, coge su teléfono, sus botas y su pelo rapado y se va a otra parte del vagón, para seguir con lo suyo e impresionar al resto de pasajeros, supongo.
Al rato, el tren sale de la estación y el tipo vuelve y se sienta frente a mí, pero a la parte izquierda del tren. En la Fuente de San Luis, la primera parada, sube un negro negro negro, de los que absorben la luz tipo agujero ídem, de unos dos metros de alto, manos del tamaño de un kraken abisal y espalda que ya la hubiera querido Machado para sus Campos de Castilla y se sienta frente al imbécil del teléfono. Me entraron unas ganas de ponerme a gritar algo así como: Energúmeno de mierrrda, a ver si tienes los huevos de meterte con éste, pedazo de gilipollas. Pero al punto y antes de que metiera la pata, me saltó el aviso de peligro inminente y con lo cagado que soy yo fui incapaz de abrir la boca, así que cobarde él, cobarde yo. Pero oiga, la cara que puso este aprendiz de ultra, o ultra del todo, me da igual, no tenía precio, así que no lo hubiera podido pagar con MasterCard: se quedó pasmado, como si no entendiera por qué le estaba ocurriendo eso precisamente a él, completamente pálido, blanco, lo que supuso un maravilloso contraste, un fresco de nuestra España querida.
Resumiendo: un vigilante de una empresa de seguridad que intuyo selecta, miembro o simpatizante de una peña ultra, delincuente y mala persona. Pobre Sheyla, su novio tiene más peligro que un tripi en un geriátrico.
Llegado este punto, me cuestiono yo mismamente, si no es mucho preguntar, a quién beneficiará la venta de choches velocérrimos, qué sacarán los clubes de fútbol de las peñas ultras y qué podrá haber de divertido en presumir de haber delinquido. Hala, tres preguntas, tres, al precio de una, oiga, que las traigo baratas, neeena, preguntas pa la güela, preguntas pal nene, bonica, que las traigo a pares, neeena.
PD: Las imágenes remiten a los propietarios de las mismas.










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