Los profesores nativos, los diccionarios salvavidas y el método comunicativo
Que todos hablamos sin saber, es una verdad como un templo. Que de lengua, todo el mundo tiene derecho a opinar, vale. Que todo el mundo tenga el derecho a exigir lo que le salga del nabo, no vale tanto. Así que, inspirado por el post de Atónita y Perpleja, procedo a exponer mis tres mitos favoritos que todo profesor de lenguas hemos escuchado alguna vez y que actúan de mazazo en las pelotas.
Mito 1: los profesores nativos
Maripuri de Coburgo-Simplonia, de los Coburgo-Simplonia de toda la vida, hija y nietísima de otorrinolaringólogos de ringorrango y con estupenda consulta en Cirilo Amorós, quiere matricular a su hija en un curso de alemán de Alemania, no vaya a ser que le den gato por liebre y la hijísima salga hablando alemán de Móstoles, que también existe:
Para mi Violeta Katherine de Coburgo-Simplonia sólo quiero profesores nativos, ¿eh?
Pues sí, señora, para su Violeta Katherine de Coburgo-Simplonia, marchando un profesor nativo, porque está científicamente demostrado por la privadísima Universidad Carlos VII de España que los australianos, por el hecho de ser australianos, son los profesores ideales de la muerte de inglés de Inglaterra. Ya puestos, diría que los canguros hablan mejor inglés que los urogallos, que sólo tartamudean, los pobres. De hecho, el susodicho estudio certifica que Vd., como es española, está preparadísima para impartir clases de español para extranjeros, claro está. Da igual que los no nativos sean estupendísimos profesores, sí, lo importante es que su niña estudie alemán con profesoras del centro de Bremen, por aquello de que si son de las afueras, no molan tanto.
Mito 2: los cursos comunicativos
No es plan de ir enseñando alemán con traducciones de Séneca. Así que con la excusa te viene el aspirante a abogado de comercio internacional con futuro máster en una universidad estadounidense, ya exigiendo:
Yo quiero un curso comunicativo, nada de enseñanza tradicional, yo quiero algo así más moderno, más de vanguardia.
Lo que traduzco en castellano de toda la vida:
Mirusté, a mí no me venga con historias de estudiarme la declinación de las velares sordas, porque por ahí no paso. Usté mónteselo como tenga a bien, que yo le pago pa salir de aquí hablando alemán de Alemania en tres semanas, que soy el cliente y siempre tengo la razón.
No te vas a poner a discutir, pero a punto estás de sentenciar:
Sí, claro. Vaya al médico y dígale que le cure el cáncer con antibióticos: usté paga, usté manda. Cuando se le cure el cáncer, venga a hablar conmigo, que seguro que podremos hacer algún apaño y verá que sale de aquí hablando un alemán de Alemania que ni los locutores de la ZDF. ¡Y todo esto en tres semanas!
Te lo callas porque sabes que con los aspirantes a abogados no se juega, que otro profesor ya tuvo que irse por haber mencionado en clase a, pongamos, Brecht.
Mito 3: el diccionario salvavidas
Apocalipsis Jénnifer, la vecinita de Violeta Katherine, se ha puesto a estudiar alemán, como no podía ser menos, porque claro, imagínate al papá y a la mamá de la primera mordiéndose las uñas porque el papá y la mamá de la segunda han contado en la última reunión de vecinos que su vástaga ya pide el desayuno cual miembra de la Gestapo y a los demás inquilinos se les ha caído la baba hablando del pizpireto bigotillo que le ha salido a la niña desde que va al Deutschkurs, que ya parece la niña prodigio del Carmina Burana. Pero resulta que Apocalípsis Jénnifer nos ha salido un poquito lerda y necesita saber el significado de cada palabra porque si no dice que no entiende ni el acusativo de los participios fricativos. Es entonces cuando Rodolfo Agustín de Curcusilla y Menéndez, abogado y papá de Apy Jenny –así llaman a la niña lerda–, te viene hecho una furia:
Pero vamos a ver, ¿cómo va a aprender la criatura si no sabe lo que dice?
En ese momento, te sale decir:
Pues porque no es necesario que…
Pero Rody Agus, exclama, con los ojos infectados en sangre:
¿¡Pero cómo no va a ser necesario!? Mi niña tiene que saber lo que dice, ¡hasta ahí podríamos llegar!
Con lo que piensas: ¿Sí? Pues a partir de ahora, la niña lerda y todas sus compis se van a pasar el resto del curso traduciendo a Goethe, diccionario bilingüe en mano, claro está.
No os penséis que esto es ciencia-ficción, es la realidad. Si no son otorrinolaringólogos o abogados, ten por seguro que serán coloproctólogos o abogados, o quizá arquitectos o abogados, o arquigados y abotectos… no sé. Lo mismo da.








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