Mi black book
Algunos de mis alumnos me llaman el del black book porque siempre que doy una clase llevo un cuaderno negro donde apunto las cosas in-teresantes, in-portantes e in-prescindibles para mis clases: la lista de los verbos con cambio de vocal en presente, por categorías –los del tipo pensar (pienso), los del tipo contar (cuento), los del tipo salir (salgo) y algunos cienes más–, los indefinidos irregulares –estar: estuve–, los usos de estar… Vamos, todo aquello que soy incapaz de memorizar, que no es poco, aunque me sepa de carrerilla la genealogía de los reyes de Nûmenor o las marcas de plural del Sindarin. Así, por ejemplo, si estoy dando una clase de condicionales en un grupo de nivel avanzado y saco el black book, se echan a temblar porque saben que a continuación viene una ronda de imperfectos de subjuntivo vía indefinidos irregulares:
YO: Andar.
GUIRI 1: Anduviera.
YO: Estar.
GUIRI 2: Estar, estar, estar…
YO: Tic, tac, tic, tac…
GUIRI 2: Estar… eee…
YO: Riiing. ¡Estar!
GUIRI 3: Estuviera.
YO (a GUIRI 2): Marchando una sesión de muerte larga y dolorosa.
GUIRIS, EXCEPTO GUIRI 2: Jo, jo, jo, jo.
Y todo esto es literal. Cuando he dicho tic, tac, tic, tac es que lo digo así, tic, tac, tic, tac, muy, muy rápido, lo que provoca que el guiri en cuestión se ponga del hígado. Obviamente hago esto con los verbos que deberían saber, jamás se me ocurriría con el presente de indicativo de placer o con el indefinido de caber, por ejemplo, porque tampoco es que sean utilísimos o utilérrimos. De hecho, cuando sale el verbo andar siempre les explico que muchísima gente dice andé en vez de anduve y que si optan por lo segundo, por muy correcto que sea, corren el riesgo de quedar de guiris y encima redichos.

Mi black book se ha vuelto tan imprescindible que ya no sé dar una clase si no lo tengo encima de la mesa. Me siento cual mascachapas sin GPS, cadena de oro ni reguetón: abatido, triste y desorientado. Pues arresulta de que el otro día abandoné mi black book en casa ajena y desde entonces vivo sin vivir en mí. Suerte que esta tarde, si todo va bien, lo recuperaré: mi tesssoro. Sin ir más lejos, ayer intenté dar una clase de ser y estar de nivel superior y me entraron los sudores de la muerte porque, aunque sabía cuál era la explicación de cada uno de los casos que vimos, no supe decir este caso es igual que el número 3 de nuestra lista. Pensaréis que menudo drama, pero cuando uno es más cerrado que el coño de una carmelita descalza antes de maitines, no sabe dar una clase sin poder decir aquello de consultad el artículo segundo, párrafo cuarto, sección primera de la norma del “ser” y el “estar”. Vamos, que lo de ayer fue una tragedia que ni las de Sófocles para una mente oksesivoneurótica como la mía.

Os dejo unas afotos de un black book viejo para que veáis qué tipo de cosas necesito llevar en mi cartera las 24 horas del día –creo que podréis leer más o menos lo que dice si estáis acostumbrados a descifrar el protocuneiforme– y otra de mi escritorio. La del escritorio es por un meme que me ha pasado El patio de mi casa. Excepcionalmente y sin que sirva de precedente, sigo con él, quien quiera, que lo siga.









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