Las encuestas me cansan: ¿eres feliz?
Según publica hoy EL PAÍS, los españoles estamos entre los europeos más felices. Como todas estas encuestas, hay que tomárselas con el debido escepticismo:
Otra cosa es interpretar los resultados. Por ejemplo, el 7,6 de puntuación media en felicidad, y 7,4 en satisfacción ante la propia vida que se otorgan los españoles, ¿responde a la realidad? ¿Hasta qué punto hay que creer en la sinceridad de los entrevistados? “La encuesta es muy seria”, responde Mariano Torcal, coordinador para España del macrosondeo, y profesor de la Universidad Pompeu Fabra. “Aunque se hizo entre octubre de 2006 y marzo de 2007, con la economía más boyante”.
A pesar de que afirmamos que somos los más felices, tenemos muy poquitas fuerzas. La mayoría de los españoles que han sido encuestados dicen que han tenido pocas fuerzas durante la semana anterior al sondeo.
Hasta aquí, las conclusiones del estudio.
La (in)felicidad no se puede medir
Luis Enrique Alonso, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid dice que:
Las contradicciones son constantes en las encuestas. […] Hay una tendencia a declararse feliz, relacionada con un cierto acoplamiento a nuestra sociedad del bienestar.[…] La gente, al responder, tiene en cuenta además la posición de su país en el contexto mundial.
En pocas palabras, que nos da vergüenza reconocer que no somos felices mientras haya gente muriendo de hambre en el mundo. Pues qué hipocresía. Una vez leí no sé dónde que las desgracias no son mensurables porque si un agente de bolsa pierde un millón de euros en una operación y a un niño de seis años se le pincha el balón, ¿quién de los dos está objetivamente más triste? Yo no sería capaz de responder.
Ser infeliz es un fracaso
Eduardo Bericat, catedrático de la Universidad de Sevilla, dice:
Admitir en una encuesta infelicidad es aceptar el fracaso ante el encuestador y eso genera violencia a la persona que responde. […] No olvidemos que cuando nos preguntan sobre aspectos íntimos de nuestra vida, tendemos a maquillarla, preferimos aparecer como personas normales, dentro de la media general.
Entonces, la felicidad es un objetivo y el que es infeliz, es un fracasado. ¡Horror! Un fracasado, es terrible. Y no voy de coña. Pero es que mi sorpresa es mayúscula cuando me encuentro en el diccionario chocho que la segunda acepción es «buena aceptación que tiene alguien o algo». Escalofriante. Tener éxito significa, entre otras cosas, que seas aceptado por el resto.
No sirven para nada
El pie del artículo dice:
La muestra seleccionada inicialmente en España, de 3.290 personas, tenía todos los ingredientes para resultar perfectamente representativa de la sociedad española. A los que responden se les regala un bono de 12 euros para gastar en El Corte Inglés. Pero quedó reducida en la práctica a 1.876 entrevistados. Los demás rechazaron participar.
Si antes lo tenía claro, ahora más aún. El artículo de EL PAÍS viene a decir una cosa importantísima, más aún que el hecho de que los españoles seamos felices o no: que estas encuestas no sirven para nada. Una de las razones para no contestar es es que la encuesta era demasiado larga. Otra, deduzco, es que alguno habrá que no haya querido reconocer que es un fracasado.
Entonces, ¿por qué siguen haciéndolas? A mí jamás me han hecho una encuesta de este tipo. Ni un sondeo electoral. Sólo una vez, sobre una campaña de cigarrillos. Y sospecho que era una tomadura de pelo porque las preguntas dejaban bien claro lo que debías responder. Luego están las intenciones de voto, que según el telediario que veas o el periódico que leas, es más favorable a un partido o a otro.
Me cansan. A partir de ahora, paso.








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