Ésta sólo para un polvo
Cuando das clases de español para extranjeros, terminas analizando todas las frases que oyes y lees y piensas «qué imperfecto de subjuntivo más raro», «¿este se es impersonal o pronominal?», «hala lo que acaba de decir ése, halaaa, ¡qué fuerte, tío!, ¡pero qué condicional irreal más chunga que acaba de hacer!». Si esto es mentira, que me parta un rayo ahora mismo.
Lo peor es que muchas veces estoy escuchando a alguien y presto más atención a los tiempos verbales que a lo que me está diciendo, incluso muchas veces intento terminar las frases en mi cabeza antes de que la persona que está hablando llegue al punto. Y es que cuando llevas tiempo dando clase a guiris, llega un momento en que, por arte de magia, te vuelves brujo y llegas a saber con un par de segundos de antelación lo que tus alumnos van a decir. ¿Que no te lo crees? Ahí va un ejemplo:
SITUACIÓN 1
Estamos en una clase de B1 –vulgo: intermedio bajo, preposición arriba o abajo– hablando de cosas que los guiris hicieron en el pasado. Le pregunto a uno:
- Profesor: ¿Cuándo terminaste los estudios?
- Guiri: A los 19 años terminé los estudios.
- Profesor: Y después, ¿qué hiciste?
Terminas de hacer la pregunta y justo en ese momento piensas: «va a decir fui en militaria».
- Guiri: Después fui en militaria.
- Profesor: ¡Ah!, ¿después hiciste la mili?
- Guiri: Sí, después hiciste la mili.
- Profesor: ¿Yo?
- Guiri: No, yo, eh,… hm, yo hice la militaria.
- Profesor: La mili.
- Guiri: La mili, sí.
- Profesor: Ahá, ¿y dónde hiciste la mili?
- Guiri: En Hamburg.
- Profesor hace gesto de que tiene que construir una frase con verbo.
- Guiri: ¡Ah!, eh,… hm, sí, en Hamburg fui en militaria.
En este momento tienes varias opciones, a. s.,
a) escribir en la pizarra «hacer la mili»,
b) decir: «hiciste la mili en Hamburgo, ahá, hi-cis-te la mi-li en Hamburgo» o
c) hacer como que llueve y preguntar si en Hamburgo los pisos van caros, si el barrio chino sigue tan animado como de costumbre y esperar a la pausa para cortarte las venas porque es un acto muy íntimo y personal que no es como para hacerlo delante de cualquiera.
SITUACIÓN 2
Durante toda la clase estás repasando las expresiones de gustos, preferencias y sentimientos varios como «el tráfico de la ciudad me pone negro», «me gusta levantarme tarde» y «me encantan los bocatas de calamares». A continuación, la actividad de siempre: hay cinco fotos en las que sale un tipo en cada una. Debajo de ellas, una serie de frases como «me encanta que mi vieja me haga el desayuno», «me pone negro que mi hijo sea tan desordenado» o «me toca las pelotas que me molesten mientras me la meneo». La primera parte de la actividad consiste en que establezcan hipótesis sobre la edad de cada uno de los que salen en las fotos, la profesión, el lugar de residencia, su carácter y demás cosas que tanto interesan al profesor y que ha oído una y mil veces. Siempre, y cuando digo «siempre» es siempre, sale un guiri por peteneras y dice que uno de ellos es de la misma nacionalidad que él y suele ser antes de la cuarta foto, generalmente a la segunda. Lo certifico. Haced la prueba con un grupo de extranjeros y veréis lo interesante que resulta ver con quién se sienten identificados. Por otra parte, hay que decir que otro suele ser gay. ¿Por qué? Misterios de la enseñanza. Pero si lo haces con mujeres –la verdad es que yo sólo lo hice una vez y porque no usé el mismo método, me saqué la actividad de la manga, vamos, que me quedaban unos minutillos libres y me venía al pelo, pa rellenar– ninguna es lesbiana. Cero lesbianas.
Obsérvese, a todo esto, que las frases de esta actividad tienen los verbos de la subordinada en presente de subjuntivo, como dice la regla: con verbos de sentimiento y voluntad, si el sujeto o el sujeto lógico no coincide con el sujeto de la subordinada, ésta va en subjuntivo. El objetivo del ejercicio es introducir con el menor dolor posible el subjuntivo, mirar para otro lado y meterles vía rectal una serie de cinco tiempos de uso cotidiano que en sus lenguas no conocen y que no comprenderán, probablemente, en su vida: «guiri, mira que cosa tan bonita, mira, mira, mira», ¡zas!, subjuntivo por el culo, que es de lo que se trata la pedagogía más moderna y novedosa, hacer que el estudiante no note que está aprendiendo algo, como si la vida fuera fácil. Pero eso es harina de otro costal y da para otro post.
Me estoy yendo por derroteros que no tenía previstos. Vuelvo al principio. Como decía antes, con el transcurrir de los cursos y cursos y cursos y cursos llegas a desarrollar la capacidad de adivinar lo que van a decir tus estudiantes. Supongo que no es exclusivo de los profesores de idiomas, ni mucho menos: no me gustaría estar en el pellejo de un trabajador de cualquier servicio de atención telefónica al cliente, en el de un abogado, en el de un médico o en el de un carnicero. Lo que diferencia a los médicos, pongamos, de los profesores de idiomas es que uno no va a la discoteca y en pleno ligoteo piensa «joder, qué buena está, ésta debe de tener un colon cojonudo», ¿o sí?, que ya me lo creo todo; pero los profesores de idiomas, y alguno conozco, piensan, y no creáis que esto es ciencia-ficción: «bah, ésta sólo para un polvo porque con esa sintaxis seguro que no aguanto ni dos días». Y, efectivamente, al día siguiente, te despiertas, la miras, te da los buenos días y te largas.
PD: Gracias a FER por inspirarnos con sus guiris.








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