¿Tú también eres moroso?
El rey está picajoso, ¿quién lo despicajosizará?
El despicajosizador que lo despicajosice
buen despicajosizador será.

Su Majestad anda muy cabreado.
Qué mal genio se gasta su Majis, porque andar de morros con el venezolano cansino porque haya dicho que Aznar es un facha, hombre, tampoco es para tanto, teniendo en cuenta que un algo de razón sí que tiene, aunque sea en pocas ocasiones, que ése también anda destarifado. Pero bueno, oiga, que cuando a su Majis se le hinchan los reales cojones… Lo que me extraña es que no se metiera con lo de la guerra de Irak, tanto que está por el consenso y el amor fraterno y la satisfacción de la responsabilidad, porque qué de sustantivos abstractos sabe su Majis. Supongo que meterse con Aznar sería un precedente de injerencia real en temas demasiado terrenales como para que Juancar se pringara, no fuera a salir escaldado, como su prima tercera por la línea de los Coburgo–Sajonia von den Fotzenschleim de la rama de los Eichelberg de toda la vida, su Marujitud, la Reina Beatriz, que anduvo y anduvo y al final andó entre un partido y otro por meterse ande no la llamaban, cómo se metieron con ella, la pobre, que tanto contribuye al desarrollo de la industria de lacas y fundas dentales. Y para eso pagamos a los reyes, pienso yo, para que no digan esta boca es mía, porque el resto de lo que tienen es de todos, pagado con mis retenciones del IRPF que tan a bien nos hacen pagar y pagamos todos… o no, porque anoche vi un anuncio en el que nos pedían a todos los españoles de jamón del Carrefur, gazpacho Alvalle y autobús de la EMT que teníamos que pagar nuestros impuestos puntualmente para que los ancianitos venerables pudieran tunearse las sillas de ruedas con un dvd portátil y los niños, dejarse los piños en los columpios de los parques públicos, para gozo y regocijo de los odontólogos y estomatólogos de este, nuestro gran país. Me toca los cojones, y los míos son reales, pero no reales en el sentido juancarlista –que a mí me hace mucha gracia lo de no ser monárquico y ser juancarlista o felipista o leonórico–, me los toca mucho que me vengan ahora con el chantaje emocional de que los abuelitos no reciben sus pensiones porque yo no pago mis impuestos. ¿Hay que pagar? Obviamente. ¿Y qué te parece? Estupendo. ¿Y que te traten de moroso y mala persona? Uy, eso ya no me hace tanta risa. Porque si seguimos así, ¿por qué no un anuncio para que los alcaldes y alcaldesas no se corruptifiquen? ¿Y otro para que los bancos no te chupifiquen la sangre? Y, ya puestos, ¿qué tal otro para que el GOBIERNO DE EJPANIA inviertifique más en educación, sanidad y justicia –pilares fundamentales de lo que llaman estado de derecho, qué risa me dan– y menos en defensa e imágenes institucionales? Porque a mí, que el Ministerio de Sanidad renueve su imagen corporativa no me cura las anginas, ni los cienes y cienes de generales y generalas me defienden a mí de los energúmenos que nos acechan por las calles de nuestras ciudades, mano derecha en alto. Y sí, me pongo milenarista, apocalíptico y armagedónico porque me sale de aquel sitio, que se acerca el 20N.

La reina también caga, que lo sepas.
A mí, que me vengan con esa acusación, pagada con dineros públicos, me toca los cojones, como he dicho. El que el Estado, mediante las correspondientes campañas, eduque a los ciudadanos, está bien, al fin y al cabo es nuestra obligación conducir sobrios, no por no infringir la ley, sino porque esta acción puede derivar directamente en la muerte de alguien o, como diría Carmen Sevilla, «podríamos dejar bonitas calcamonías por los negros asfaltos de nuestra España, que es una preciosidad». También es mi deber denunciar a un maltratador, no consumir agua en exceso o respetar las normas fundamentales de convivencia ciudadana. Ahora bien, el que un ancianito no reciba la asistencia o que un niño no pueda dejarse los piños en un columpio asesino no tiene su origen en que yo pague mis impuestos ni en cuándo o cómo lo haga. Más responsable es la empresa que me paga, el concejal que da el visto bueno a un parque carísimo de un arquitecto valenciano de campanillas o el gobierno que reparte por aquí y por allá los dineros ciudadanos. Presupuestos generales del Estado en mano, leo: 8 millones, ocho, para su Majis, para su Alteza Real, la Reina de España –que caga igual que tú y que yo y, además, también deja granos de maíz en sus cagallones–, 5.900.000 euros para exposiciones públicas, 12 millones para la conservación del patrimonio del Estado –alucino–, 312.000 euros para los centros de educación especial –esto es para tirarse de los pelos del pubis–, para defensa, atención, 9.576 millones. No tengo nada más que añadir
¿Y me hacen responsable a mí de que no haya columpios para los niños? Pero qué arcadas me dan.
PD: Propongo boicotear el anuncio. ¿Alguien más lo ha visto?








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