Benjamin Biolay es francés de la France
El miércoles por la noche fui al concierto de Benjamin Biolay en el Greenspace de Valencia. Después de haber dado por perdido el espectáculo porque creía que había sido la semana pasada, fíjate mi organización hasta dónde llega, pude conseguir unas entradas por vía no reglamentaria y allá que me fui.
Me presenté a la hora indicada. La sala, ya la conocía, es la pequeña del recinto. Poca gente. Poquísima. ¿70 individuos? Puede. Sale el cantante al escenario, aplausos y comienza la primera canción. Se oye fatal. Pero mal mal mal. Entonces me acuerdo de la vez que estuve en el mismo sitio en un concierto de Antony and The Johnsons y lo malamente que se oía. Cagonelgreenespeisdeloscojones. Oiga, pero qué mal. Las silbantes parecía que me iban a perforar el tímpano y a llegar al cerebelo vía rectal, porque hasta los pelos del frontón se me erizaron. A la tercera canción la cosa mejoró, pero tampoco era para tirar cohetes.
En estos conciertos hay una cosa que me escama. Y como sigo siendo yo, para mi desgracia, paso a enrollarme como las persianas para no decir nada al final. Empiezo. Benjamin Biolay es francés de la mismísima Frooons, de la Villefranche-sur-Saône sin ir más lejos,… o sin ir más cerca, porque vete tú a saber a estas horas ánde está el villorrio ése, que por mucho que salga en Google, no me apetece buscarlo ahora, ¡ea! Pues resulta que Benja es, como decía, francés. De la Frooons. Y como buen francés de la Frooons, arresulta de que habla francés, tú, que es como una especie de catalán de la Catalooong, pero como si te pusieras una pinza en la nariz. Y parece que medio Liceo Francés y parte del extranjero andaba por ahí, porque yo no entendía de la misa la media y la gente andaba descojonada por los rincones cuando el cantante soltaba un chascarrillo para gozo de los que allí estábamos congregados, que como ya he dicho, éramos cuatro gatos y algún que otro perro de dudosa raza, cual perro Manolo. Y digo que no pillaba nada, porque yo, de francés de la Frooons, no entiendo ni papa, y además es que tenía un acento como muy cerrado, que ya podía haber vocalizado más, que igual me enteraba de algo, pero como es francés de la Frooons, seguro que lo hizo para que nadie se enterara, que los franceses son muy antiespañoles, y, si no, que se lo digan a la Virgen del Pilar o a la mismísima Esfinge, destrozaíca la dejaron, pero entonces tendría que decir que son antiegipcios y ya ves tú qué tendrían en contra de los pobres egipcios, que bastante tienen ellos con sus cocodrilos y sus letras raras y sus momias ahí, en esos sitios tos llenos de piedras y de arena, que les picará la figa cosa mala, que aunque me digan que no fue Napoleón el que la desnarizó, no me lo creo, que los franceses son muy malas personas. Creo yo también que alguno habría en la sala que se riera para no quedar mal, que orgullosetes hay en todas partes, porque ya me extraña a mí que sólo le guste la música de este tío a los que hablan francés de toda la vida. Es como decir que a los conciertos de Eleftheria Arvanitaki sólo va gente que sabe griego y no me refiero a ese griego, sino al que se habla, al griego de Grecia, griego de la Grèce, que es lo que hablan allí, como la Regne de l’Espagne, pero sin hacer el gangoso. Y como la gente de la farándula y el espectáculo es así de versátil, el chato se atrevió a decir un par de palabras en español para agradecer el entusiasmo del público. Pues en ese mismo instante, los que allí estaban, se pusieron a aplaudir a todo volumen. Y fue entonces cuando yo me pregunté, en español de l’Espagne, que qué gracia tenía todo el asunto. Porque si hubiera contado un chiste, pues lo comprendo, pero a un «muchas gracias» o a un «todos a bailar», no se responde con una carcajada y un aplauso más fuerte que cuando terminaba alguna de sus canciones.
Entonces, pregunto, ¿es que es tan gracioso que un francés de la Frooons diga «muchas gracias» y yo soy tan memo que no lo capto o es que los memos eran los demás y sólo correspondía un discreto aplauso al intento de hablar nuestro idioma? Porque si yo hubiera sido el cantante, una de dos, o me da una depresión vía urgente porque me aplauden más una frase que el resto de mi repertorio o cambio el carné de cantante por uno de cuentachistes, como Arévalo, y ¡hala!, recorrer las verbenas de Castellón de la Plana y provincia, con todos mis respetos a los castellonenses, tan campechanos. No sé si todo esto tendrá que ver con la cultura ésta que tenemos tan poco florida en idiomas extranjeros o qué, pero he observado que es como una especie de honra nacional la que siente el populacho cuando un extranjero –de los ricos, se entiende, no la rumana que a los tres meses te hace sin despeinarse unos imperfectos de subjuntivo que te caes de culo–, pues eso, que cuando un extranjero de los ricos intenta hablar el español, todo el mundo se pone alegre y aplaude y se ríe, que parece ya un orgasmo patrio lo nuestro con el castellano con acento de otros mundos. ¿Y si el concierto hubiera sido en Bilbao? ¿Habría dicho lo mismo en euskera o se habría arriesgado a decirlo en castellano de Castille? Y, en el segundo caso, ¿se habrían puesto a aplaudir o habrían llamado a Andoni para que le soltara un pedrusco en la cocorota? ¿Acaso no siento yo esa profunda honra patria y soy un mal español y me iré al infierno junto a Ibarretxe, Carod Rovira y Cliff Richards? En fin. Misterios insondables.








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