“El curioso incidente del perro a medianoche”, de Haddon
Recomiendo a todo el mundo –si no estáis achicando agua, yo voy a ir tocando madera– la lectura de El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon. No voy a hacer una reseña porque, como ya dice Palimp aquí, tenéis una estupenda aquí, en Espacio sobre literatura. Es una lectura refrescante, teniendo en cuenta lo que escojo últimamente, que es más bien una basurilla detrás de otra, incluyendo Los corredores del tiempo, de Poul Anderson, que se me está haciendo larguísima y a estas alturas está tirando a cutre.
Del libro de Haddon, me llamó la atención el párrafo que transcribo más abajo y recordé, debido a algún mecanismo raro de los que nos hacen evocar cosas en los momentos menos oportunos, una noticia en EL MUNDO sobre una revista que pretende erradicar el lenguaje sexista: aquí el artículo. Obsérvese el tono del mismo. Bueno, vuelvo al párrafo de Haddon. Lo escribe el protagonista, un niño con síndrome –¿con mayúscula?– de Asperger:
Los niños de mi colegio son estúpidos. Pero se supone que no he de llamarlos estúpidos, ni siquiera aunque sea eso lo que son. Se supone que he de decir que tienen dificultades de aprendizaje o que tienen necesidades especiales. Pero eso es estúpido, porque todo el mundo tiene dificultades de aprendizaje, porque aprender a hablar francés o entender la relatividad es difícil. Y todo el mundo tiene necesidades especiales, como Padre, que tiene que llevar siempre encima una cajita de pastillas de edulcorante artificial que echa al café para no engordar, o la señora Peters, que lleva en el oído un aparato de color beige para oír mejor, o Siobhan, que lleva unas gafas tan gruesas que si te las pones te dan dolor de cabeza, y ninguna de esas personas son de Necesidades Especiales, incluso aunque tengan necesidades especiales.
Pero Siobhan dijo que teníamos que utilizar otras palabras porque a los niños del colegio la gente solía llamarlos cortos y gilis y memos que eran palabras muy feas. Pero eso también es una estupidez porque a veces los niños de la escuela de un poco más allá de nuestra calle nos ven al bajar del autocar y nos gritan “¡Necesidades especiales! ¡Necesidades especiales!!”. Pero yo no hago caso porque no escucho lo que dicen las demás personas y a palabras necias oídos sordos y llevo conmigo mi navaja del Ejército Suizo y si me pegan y yo los mato será en defensa propia y no iré a la cárcel.
HADDON, M: El curioso incidente del perro a medianoche, Barcelona, Salamandra, 2004, pp. 63-64.
Es toda una declaración de principios, ¿no?








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