El lunes, “Good Bye Lenin!” gratis con PÚBLICO
El lunes, con el diario PÚBLICO, os darán la película Good Bye Lenin!, de Wolfgang Becker, una de las mejores películas alemanas que he visto.
Christiane Kerner acaba de recibir un premio como ciudadana ejemplar con motivo del cuadragésimo aniversario de la República Democrática Alemana. De camino a casa se encuentra con una manifestación contra el régimen del SED –el partido único–, baja del taxi y justo en ese momento detienen delante de sus narices a Alex, su hijo, que también estaba participando en la manifestación para pedir la libertad de prensa. En ese momento, Christiane sufre un ataque al corazón y cae en coma. Cuando despierta, el Muro ha caído y las dos Alemanias están en proceso de reunificación. Para evitar darle un disgusto a Christiane por el peligro a un segundo ataque que podría ser fatal, su hijo Alex decide que lo mejor es llevársela a casa y no decirle que el régimen de la RDA, al que ella estaba tan vinculada, ha caído y con él, su modo de vida. A partir de ese momento, sus dos hijos, su yerno, que es un metepatas, sus vecinos y el antiguo director de la escuela donde trabajaba la protagonista se las ven y se las desean para que ella no descubra que todo lo que ella defendía ya no existe.
No es una comedia pero sí un drama (¿?) cómico muy divertido que me recuerda mucho a Oriente es Oriente y que hay que ver en versión original y, a ser posible, con un nivel de alemán B2 bien holgado –o, en su defecto, un cuarto de EOI aprobado en junio– para aprovecharla bien. Si has vivido en Alemania o conoces la mismidad alemana en profundidad (pronúnciese “mimmidá”), con sus luces y sus sombras, tanto mejor. Me encantan las imágenes setenteras y ochenteras, la música y la rapidez con la que se pasan los momentos más trágicos de la película para no caer en la ñoñez. La historia de Christiane no es moco de pavo y, a pesar de las escenas divertidas, no se llega a olvidar que a lo que vamos es a una historia complicada de cosas que no son reales y de mentiras dolorosas que se han mantenido años y años.
También es una sobredosis de Ostalgie. La Ostalgie –de Nostalgie y Osten, ‘este’– es la añoranza del modo de vida de la RDA, que está muy extendida entre los ex-RDA-nos y germanófilos de la contornada, de ahí que productos como el Ampelmann, las camisetas con el escudo de las espigas y el compás y los trabbis en miniatura se vendan hoy día como churros o como iPods, si actualizamos el dicho. Y es en este momento cuando podemos empezar a discutir por qué hay tanta gente desencantada con la reunificación y con las nuevas democracias de Europa del Este: que si antes todo el mundo tenía trabajo, que si antes no pagaba hipoteca, que si antes estudiabas lo que te daba la gana, que si antes no tenía que preocuparme de lo que van a comer mis hijos y demás. Pero es un tema que da para mucho y me tiemblan las piernas sólo de pensarlo, así que punto final. Además, aquí hemos venido a hablar de la película, no de cuestiones importantes.
Vuelvo a Good Bye Lenin! Atención a la búsqueda de los pepinillos Spreewald, a los montajes del compañero de Alex, a la carta que Christiane dicta a su vecina –de traducción imposible y de lo más desternillante–, a la primera visita de Alex al oeste y a la felicitación de cumpleaños del cuñado. A pesar de no ser una comedia, tiene escenas para romperse las ternillas de los párpados y tener a mano un paquete sin estrenar de TENA LADY. Claro que lo que yo os diga no certifica la garantía cómica, más aún teniendo en cuenta que puedo descojonarme con cualquier producto audiovisual, desde A dos metros bajo tierra a Omaíta pasando por Jardiel Poncela, un espectáculo de travestis o una buena sesión de análisis fonológico, que aunque parezca mentira, el que suscribe es capaz de soltar la carcajada a propósito de las nasales sordas.
Si no la habéis visto, no tenéis excusa. Y los que la hayáis visto y os haya gustado… ¿y el gustito que da tener la peli original, ahí, baratita baratita? Espero que os guste.
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ATENCIÓN, FILÓLOGOS: Me pronuncien ahora mismo una nasal sorda, una aspiración sonora o una vibrante implosiva. No me diréis que no os entra la risa.
NB: Sihaya es una virtuosa de las vibrantes implosivas, yo he sido testigo del prodigio, ¡ah!, y posee unos órganos fonadores humanos estándar, no es un reptil ni procede de Melmac o de Omicron Persei IX.
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