A vueltas con Madeleine: ¿tenemos lo que queremos?
No voy a declarar culpable a nadie. El circo que se ha montado en torno a la desaparición de la niña, eso sí, me pone los pelos de punta… y reconozco que no estoy capacitado para tirar la primera piedra. Morbo a tutiplén –empezando por los narcóticos y terminando con el muñeco que lleva la madre siempre que sale en la televisión, que ya estará mugriento– y noticias día sí día también en todos los medios que no hacen más que rellenar minutos de informativos y espacio en blanco de todos los diarios. A todo esto, la policía portuguesa, de cráneo, naturalmente. Al paso que vamos, sospecho que o localizan a la niña, viva o muerta, o el espectáculo se agotará. La última, la foto de una niña rubia. Es que hay que joderse.
Hasta que aparezca otra historia que vuelva a cautivar al público. Al paso que vamos, sospecho que o localizan a la niña, viva o muerta, o habrá que cerrar el chiringuito y volver al 11M o a los presupuestos generales o a lo caras que están las hipotecas, si no hay una catástrofe, una inundación o si el termómetro en San Sebastián no llega a los 30 grados, porque lo de la represión birmana no creo yo que dé para mucho, que no es nada nuevo que en aquel país la gente muera a espuertas, bien de hambre, bien asesinada por el gobierno. No hay nada nuevo. ¿Que ahora son monjes? Bien.
Más morbo. Un cabo se casa con una mujer transexual y le niegan el permiso. Teniendo en cuenta que hasta los jueces cuecen habas –como Fernando Ferrín, expediente al canto por volver a meter la pata, dicho sea de paso–, no sé por qué ahora tanta historia con el asunto del cabo. Que no digo yo que esté bien lo de negar el permiso, que hay que seguir denunciando, todo dentro de unos límites y pensando siempre en el bien común, por cierto –ese es tema para otro post–, pero viendo el tratamiento de la noticia en los informativos me llama la atención que en las imágenes que emitan de la mujer del cabo aparezca ésta en chándal y con un comentario de fondo afirmando que «no tiene ganas ni de arreglarse» –y aunque parezca mentira, SIC., oído en LA 2–, claro, enseñando a los redactores las fotos de la boda. El funeral de los soldados muertos en Afganistan: noticia con imágenes del dolor de los familiares. Notición en EL PAÍS: «Una de cada diez adolescentes que abortan lo hace por segunda vez». Leo el artículo y llego a la conclusión de que lo más apropiado para esa noticia sería algo así como «los jóvenes en España siguen sin tener ni puta idea de métodos anticonceptivos». De lo más leído en el mismo diario: «Jorge Cadaval se casa» y «Record de mujeres en bikini». Y luego ponemos –y pongo– los ojos en blanco con Madeleine.
Aquí es cuando sale la pregunta del millón, que vale para los diarios, los informativos, los programas de televisión y demás: ¿Tenemos lo que queremos o lo que nos dan?








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