Achtung, bitte!
Ya he vuelto. Todavía no me he recuperado, que no he tenido apenas tiempo para descansar. Como dijo Sihaya, he vuelto a la tierra de las flores, de la luz y del amor con la sensación de que no he visto ni hecho la mitad de lo que quería ver o hacer. Vamos, que tengo una lista larguísima de cosas para la próxima.
Aquí mis observaciones:
Los berlineses son bastante menos ceremoniosos que el resto de los alemanes. Sí. No es que sean unos groseros, que no lo son, pero sí hay diferencias con los habitantes de otras ciudades, sobre todo del oeste. Yo estoy acostumbrado a algo así –en Aquisgrán, pongamos–:
- Hola, buenos días, disculpe la molestia. ¿Podría indicarme cómo llegar a la Einbahnstraße, si es tan amable?
- Sí, ¿cómo no? Mire usted, siga esta calle, coja la segunda a la derecha y la primera que cruza es la Einbahnstraße, espero que no tenga dificultades en encontrarla.
- No, no, es muy fácil. Muchas gracias. Ha sido usted muy amable.
- No hay de qué. Espero que le guste nuestra ciudad.
- Sí, sí, me gusta mucho.
- Me alegro.
- Muchas gracias. Adiós, buenos días.
- Adiós, buenos días.
(Diálogo acompañado de sonrisas y reverencias varias.)
En Berlín, sin embargo:
- Hola, buenos, días, disculpe la molestia, ¿podría indicarme cómo llegar a la Einbahnstraße, por favor?
- Por ahí.
- Muchas gracias, ha sido usted muy…
- … (se va)
Los berlineses son unos kamikazes
Los berlineses cruzan por donde quieren. Y van en bicicleta por la acera… y en dirección contraria… y se saltan los semáforos. Eso no sería nada extraordinario si no fueran… alemanes. Si veo a un alemán cruzar una calle con el semáforo en rojo se me revuelven las entrañas, me acuerdo del apocalipsis, que está al llegar, como el milenarismo, y voy rezando lo que sé, que no es mucho, pero me sobra, a pesar de que San Dios y sus compinches, empezando por Santa Rita y terminando por los Santos Inocentes, pasando por Santa María Egipcíaca, pasan de mí olímpicamente.
Berlín no parece Alemania
Es cierto. Aunque todos los nativos hablan alemán perfectamente –hasta los niños, tú, con lo difícil que es, y sin acento–, Berlín no tiene nada que ver con otras ciudades que conozco mucho y bien, como Bremen, por ejemplo, ciudad ultraperfecta entre las ciudades periperfectas: ordenada, limpia, bonita al estilo bucolicopastoril, con ardillitas por las calles. Berlín es una ciudad sucia, caótica y maloliente. Compárense:

Karl-Marx-Straße (Berlin-Neukölln), un domingo por la mañana.
Imagen propiedad de Jörg Kantel.
Vale, lo reconozco, las fotos están elegidas con cierta intención de mostrar la diferencia. Algunos lo llamarían «manipulación», pero no son más que unos rojillos de tres al cuarto (catalanes o vascos, seguro) o algún que otro compañero de francachelas de Zetapé.
Berlín es Alemania
Antes he dicho que no. Ahora, que sí. Para explicar esto tengo que remontarme a María Castaña, la pobre, que no sé quién sería, pero vivió hace mucho. Vuelvo al tema, que me extravío. Estaba diciendo que Berlín es muy alemana. Como muestra, la megafonía de los ferrocarriles.
Para los que no hayáis viajado en tren por Alemania: cuando estás en una estación o dentro de un tranvía, quieras o no tienes que oír continuamente anuncios por los altavoces como estos:
«GONG. Atención, por favor. Estimados pasajeros, les informamos de que el INTEREGIO EXPRESS 8499 con destino a Hamburgo-Estación Central llegará con tres minutos de retraso por problemas con los pajaritos que picotean la catenaria. Les presentamos nuestras disculpas por las molestias que esta situación les pueda ocasionar.»
Lo cual no deja de resultar gracioso. Porque que se disculpen por un retraso de veinte minutos es comprensible; por tres minutos, una ironía.
«GONG. Atención, por favor. Estimados pasajeros, les informamos de que, debido a una invasión de ardillas, el REGIONAL EXPRESS 3200 con destino a Tübingen-Estación Central efectuará su entrada por la vía 9, no por la vía 8, tal y como se anuncia en nuestros paneles informativos, repito, efectuará su entrada por la vía 9, no por la 8. Les rogamos que disculpen estos cambios de última hora y les presentamos nuestras disculpas por las molestias que estas circunstancias puedan ocasionarles.»
Todo el mundo, por supuesto, protestando. «¡Qué indecencia!», «¡pues sí que estamos bien!», oigo, «estará en la otra punta de la estación», pienso. Y va y resulta que para dirigirse al andén nueve simplemente hay que darse la vuelta: de la ocho a la nueve. ¡Exagerados!

Estación Central de Coblenza / Koblenzhauptbahnhof
Vuelvo a la anécdota que quería contar. Estaba visitando a M. en Coblenza, ciudad horrenda donde las haya, completamente reconstruida, con calles habitualmente desiertas, y más en invierno, parecida a Wuppertal, Düren, Mönchengladbach, Lüneburg, Schleswig, Cuxhaven y otras tantas ciudades medianas de Alemania, todas ellas sacadas de la película 28 días después, pero sin zombis. Después de un par de noches de borrachera en las únicas cantinas que no ponían chumba-chumba alemán –y es que el tema da para otro post, pero sospecho que el presente va a terminar siendo largo larguísimo–, M. me acompaña a la estación, resaca mediante. Compro el billete –carísimo, por cierto, que a veces sale más barato coger un avión para desplazarte por Alemania que el tren– y nos dirigimos al andén después de consultar el tablón de anuncios, que resultan más enigmáticos que los manuales de instrucciones de los muebles de IKEA. Bueno, pues M. y yo estamos esperando en el andén 10 (pongamos por caso) de la Estación Central de Coblenza al Intercity (pongamos por caso otra vez) dirección Colonia, donde tenía que hacer transbordo, ahí, hablando tranquilamente, cuando oímos lo siguiente:
«GONG. Atención, por favor. Estimados pasajeros, les informamos de que el tren que va a efectuar su entrada por la vía 12 no es el convoy que se dirige a la estación de Stuttgart-Estación del Oeste, tal y como se anuncia en nuestros paneles. Repito, el tren que va a efectuar su entrada por la vía 12 no es el convoy que se dirige a la estación de Stuttgart-Estación del Oeste. Les rogamos que no intenten subir al tren. Si así lo hacen, les informamos de que será bajo su propia responsabilidad.»
Y es entonces cuando por la vía 12 pasa una locomotora a toda velocidad. Una locomotora. Sin vagones. Una locomotora, a toda leche. SÓLO una locomotora. Y les pedían por favor, que no subieran. Como no podía ser de otra manera, las carcajadas se oyeron hasta en Bremen Hauptbahnhof, hasta los pajaritos que picoteaban la catenaria echaron a volar, desapavoridos, y las ardillitas empezaron a bailar una sardana. Mi amiga M., desconjonada –o desovariada– de la risa y yo, por mi parte, con las ternillas hechas unos zorros de tanto reírme. Entre risa y risa nos preguntábamos –como podíamos– lo siguiente: si pasa una locomotora a toda velocidad, ¿cómo es que tienen que pedir a los señores viajeros que no suban al tren? ¿Qué pasaría si no lo hicieran? Imagen obligada: pasajeros con maletones lanzándose en plancha a la locomotora, convenientemente decorada con los cadáveres de los pasajeros que esperaban en las estaciones anteriores.
Estos hechos son reales y ocurrieron hace unos seis años; obviamente, no recuerdo si el tren que pasó por la vía 12 no era el que se dirigía a Suttgart y era, no sé, el borreguero a Klingerhofen an der Elbe.
Pues en Berlín, igual. Subimos a la Bahnhof Zoo y cogemos el S-Bahn para ir a la Alexanderplatz.
«GONG. Señores pasajeros. Bienvenidos al tren con destino Strausberg. Por favor, apártense de las puertas. NIII-NOOO-NIII (sirena de aviso de que las puertas se van a cerrar). BRRRUM (se cierran todas las puertas y el tren arranca).»
NB: Los anuncios en los ferrocarriles siempre empiezan con un gong. Siempre. En toda Alemania.
Después:
«GONG. Próxima estación: Estación Central. Salida por la derecha.»
Atención: anuncian la «salida por la derecha», cuando por la izquierda se ve un muro, un muro berlinés para más señas, y las puertas, además, permanecen cerradas. El tren para y se abren las puertas.
«GONG. Señores pasajeros. Bienvenidos al tren con destino a Strausberg. Por favor, apártense de las puertas, que son peligrosas. Preparen sus billetes para presentarlos a nuestros empleados. NIII-NOOO-NIII. BRRRUM (el tren arranca).»
Un km más tarde:
«GONG. Próxima estación: Friedrichstraße. Correspondencia con las líneas de cercanías y larga distancia. Salida por la derecha. Por favor, tengan cuidado con el hueco entre el vagón y el andén.»
La estación, por supuesto, a parir de hombres de negocios agresivos y distinguidos parlamentarios, con unos trajes de mercadillo que ni los presentadores de las cadenas de televisión locales de las que ponen porno, videntes y concursos. Pero la moda alemana da para otra entrada. Esto se parece cada vez más a cierta novela de Ende –me acabo de dar cuenta que soy muy de crucigramas, dicho sea de paso–.
«GONG. Distinguidos pasajeros. Bienvenidos al tren con destino Strausberg. Por favor, apártense de las puertas, que son peligrosas. No apartarse supondrá la aceptación de las consecuencias y los riesgos que de tal acción pudieran derivar. Tengan preparados sus billetes para presentarlos a petición de nuestros empleados, de lo contrario podrán ser multados. NIII-NOOO-NIII. BRRRUM (el tren arranca).»
Ahora, el olor a sobaco y a las tres o cuatro colonias que llevan los alemanes (es que Jil Sander causa furor) es tan intenso, que marea.
«GONG. Próxima estación: Hackescher Markt. Correspondencia con las líneas 8, 10 y 14. Correspondencia con la línea 8 del metro. Salida por la izquierda. Por favor, tengan cuidado con el hueco entre el vagón y el andén y absténganse de meter el pie en dicho hueco. Quien contravenga estas medidas de seguridad podrá sufrir un accidente.»
Sale mucha gente, afortunadamente. «Ya llega mi parada, ya llega», pienso, mientras me abanico con lo que primero que tengo a mano. Venga a subir y a bajar gente. ¡Qué marabunta!
«GONG. Distinguidos y muy honorables pasajeros. Sean ustedes bienvenidos al tren con destino a Strausberg. Por favor, tengan la bondad de apartarse de las puertas de entrada y salida del tren porque pueden pillarse los cojonzuelos. Preparen sus billetes, el dni, una foto de la comunión y un bonobús gastado para presentárselos a los inspectores de nuestra compañía ya que, de no ir provistos de estos documentos, podrán ser multados con cuarenta euros, trabajos comunitarios y escarnio popular en la Potsdamer Platz. NIII-NOOO-NIII. BRRRUM.»
La atmósfera nauseabunda se vuelve irrespirable y esperas que los andenes de la estación de Alexanderplatz estén vacíos para salir en estampida, cual búfalo encabronado.
«GONG. Muy honorables, distinguidos y queridos pasajeros. Próxima estación: Alexanderplatz. Correspondencia con las líneas de cercanías S23 y S4, con las líneas de metro 2, 4, 7, 7/3 y π así como con los tranvías de la zona AB, ZX y PTT. Presten atención al hueco entre el vagón y el andén, ya que les puede salir un cocodrilo gigante y morderles el pie. La no aceptación de esta norma implica la aparición del mencionado monstruo y el consiguiente peligro de quedar mutilados in aeternum. Tengan a bien usar las puertas de la izquierda para desembarcar y recuerden que salir por la derecha supone una acción no contemplada en el código de derechos de los pasajeros según normativa vigente del Bundesministerium para la Circulación de Personas, Vacas y demás Peatones.»
Salgo a velocidad no reglamentaria y subo a la Alexanderplatz, a la sazón, a reventar, para tomar aire y dirigirme al punto que yo deseaba desde el principio.
Podría hablar de mil y una cosas sobre Berlín que la distinguen del resto de ciudades de Alemania: la mezcla de cutrerío, decadencia, modernez, filosofía zen y folklore centroeuropeo, Tercer Reich, DDR y Bismark.
NORMALIZADO recomienda
Aquí van mis tops:
- Karl-Marx-Allee, Kino International (en la foto) y Café Moskau.
- Rosenthalerstraße y alrededores (mejor los patios sin turistas).
- Las estaciones de metro, sobre todo las de la U2. También las del S-Bahn.
- Kreuzberg (¡ojo con los kebabs con triquinosis de regalo!).
- Friedrichshein.
- Marzahn, en el este profundo, el centro comercial sideral, el Eastgate (en la foto) junto a la estación de S-Bahn del mismo nombre y un restaurante que hay en el primer bloque de edificios, pasando la autoescuela.
Imagen propiedad de EXTRANOISE
- El KaDeWe, especialmente la última planta y la papelería.
- Los bares y los restaurantes de toda la ciudad, excepto uno griego enfrente del Zoo Palast.
Termino ya. Para veáis que me he acordado de vosotros:
PD: Prometo ir poniéndome al día con vuestros blogs.
PPD: Para mejorar mis fotos, agradecería los consejillos de cierto profesional que cumple hoy. ¡Felicidades!
Etiquetas para Technorati: Berlin














10 comentarios