Hospitales
Estoy escribiendo esto a mano en un cuaderno de líneas. La razón es que no me he traído el portátil al hospital, donde estoy haciendo compañía a una persona que lleva ingresada unos días en la planta de traumatología (virgencita, virgencita, que me quede como estoy, claro que la resentida de la virgencita no me hará caso, por sarraceno). Oiga, qué pesado esto de los hospitales, es cierto eso que dicen que si te pasas un día tumbado en el sofá sin hacer nada estás tan ricamente y si haces lo mismo en un hospital te cansas más que si estuvieras una noche de farra.
Me ha sorprendido el hospital por el trato que dan a los enfermos, es exquisito, a buenas horas me pillan a mí de auxiliar o de enfermero, hay que ver la vocación que tiene esta gente (o la que yo le supongo), porque anda que no hay que tener los ovarios bzw. los huevos bien puestos para dedicarse a esto. Lo que ven, lo que oyen, lo que tocan y lo que huelen, un carnaval de los sentidos es esta profesión.
Eso sí, son un poco tacaños con los analgésicos, que, según tengo entendido, era una cuestión de los privados, no de los públicos. Todo limpio, eso sí. Vamos a ver, no es que yo pensara que esto es la cueva del caco, pero recordaba esto bastante peor de lo que ahora es. Supongo que a mucha gente le ocurre lo mismo, que piensa que los hospitales públicos son esos lugares sórdidos donde veinte enfermos comparten una sala con un pasillo entre las camas por el que circulan las monjitas con patines y una sirena de ambulancia sobre el velo.
Un amigo mío, médico, me dijo que los hospitales privados eran mejor que los públicos sólo en algunos aspectos, toda vez que los médicos y los cirujanos solían ser los mismos que en los públicos, por ejemplo, y que en lo que destacaban era en las listas de espera, casi inexistentes, y en la comodidad de las instalaciones, ya que disponen de muchos más recursos, sobre todo en las habitaciones. Me dijo que los equipos, los había buenos y malos en ambos casos, que había que mirar cada uno en detalle, por ejemplo, el equipo de oncología de tal hospital (público) era mejor que el de tal otro (privado) pero que en este último tenían un neurocirujano estupendo que no trabajaba en el primero. Vamos, que todo dependía de la enfermedad que tuvieras.
Una amiga mía dio a luz en un hospital privado, religioso para más señas. La habitación estaba bien (no era para tirar cohetes) pero era individual, eso sí, que depende de quién te toque de compañero esta circunstancia puede resultar vital para la recuperación. Disponía de todo lo necesario para el ingresado y para sus acompañantes. Incluso, cosa importante, tenía una radio con hilo musical mediante el cual, si tenías la necesidad espiritual, conectabas con los oficios religiosos diarios del hospital, vamos, que oías el dominus vobiscum y el pange lingua gloriosi en Hi-Fi Churraun Dolby Stereo THX (que no THC, que de eso las monjas no saben), un lujo que ni el Hilton Plaza. Oye, que para los creyentes puede ser la mar de práctico porque así estás al día con Dios y con Inriquito, no tengas luego que andar con que no te da tiempo a recuperar las misas antes del triduo, que es una lata. Por lo demás, bastante parecido al hospital público que me toca por zona. De cuestiones médicas, no puedo hablar porque no tengo ni la más remota idea.
Por cierto, y eso sí me pareció sobresaliente, a la dichosa y feliz mamá de la criatura (bueno, y al papá también, pero iba dirigido a la mamá si no me equivoco) le dieron un folletito con el manual de instrucciones de la criatura, sin el certificado de garantía, claro, que las monjas son muy pillas, no lo hacen como en El Corte Inglés. Lo dicho, que si cómo lavar a tu hijo, que si cómo darle el pecho a tu hijo (obsérvese lo gracioso que resulta que sea una monjita la que te informe sobre el particular), que si cuándo es la mejor edad para bautizar al pequeño mamoncete y demás cosas importantes para las madres. Oiga, muy previsoras las hermanitas.
En fin, que espero mantenerme alejado de los hospitales después de esta convalecencia, y vosotros también, ya que estamos, no voy a ser yo el que desee nada malo a los que pasáis por aquí. Y ya que nos ponemos: si tuvierais la posibilidad de elegir, es un suponer, entre uno público y otro privado, ¿en cuál preferiríais que os ingresaran?
Saludetes a todo el mundo. Pondré pronto mi correspondencia al día.
PD: Respecto al librito de las monjas, ya sé que no lo habrá redactado la madre superiora ni Sor Dita, la hermana oficiala de la congregación, seguro que le han encargado la redacción a un pediatra y la corrección a algún curilla, pero no digáis que el asunto no se presta a chistes varios.








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