Soy ciclista
Yo no maldigo mi suerte
porque ciclista nací.
Aunque me ronde la muerte
no tengo miedo a morir.
Sí, soy ciclista.
Hace unos años me hice con una bicicleta holandesa modelo abuela, una omafiets, y lo de “modelo de abuela” no va de guasa, es que se llaman así. Desde entonces, me he convertido en todo un ciclista, temerario, pero ciclista. Hoy, una de mis ochenta mejores amigas, que decía Miranda Boronat, se ha convertido en ciclista (supongo que ella dará señales de vida, pero yo preservo su intimidad, que en asuntos tan íntimos y personales como las bicicletas, hay que andarse con cuidado, ya se sabe, que empiezas contando que vas en bici y terminas en la tele confesando entre lágrimas que eres adicto a los gusanitos sabor salmón). Y la coña del día ha sido “mira qué mona, con esta bici giras el manillar y, ¡oh, milagro!, la bici gira p’ande tú le has dicho”. Pues sí, parecerá una cosa sin importancia, una nimiedad, pero después de acostumbrarme a una bicicleta modelo Titanic (ver foto), sin dirección asistida, coger una plegable es toda una exeperiencia.
Comparemos:
Bicicleta de abuela perteneciente al que suscribe.
Bicicleta perteneciente a la nueva ciclista, la que se ha comprado la bici que gira cuando tú giras el manillar y que NO tiene los ojos de reloj de arena.
Yo ya me he acostumbrado a que me miren por la calle (por la bici, no por mis pectorales, pongamos). Así que si veis a un tipo circulando por Valencia con una bici rara de color negro con la cabeza a la altura del asiento de un conductor de la EMT, soy yo. Y me consta que soy uno de los tres o cuatro valencianos que va con semejante monstruo, así que soy de fácil distinguir. Oye, que ahora que releo esto, me siento cual famoso, al que van señalando por la calle: “Mira, tú, ése es el de la mierda de blog…” En fin, lo que hay que hacer para levantarse la moral cuando uno no sabe qué escribir, con este bochorno pegajoso. Pues eso, que me estoy enrollando con la bici, pero es que es el amor de mi vida, ex aequo con el ordenador, y sí, me estoy refiriendo sólo a las cosas del comprar.
Mis experiencias con la bicicleta han sido de lo más variado. Aquí algunas cosas a tener en cuenta:
- Valencia es una ciudad plana y con 340 días de sol (de los restantes, quince son de calina y durante los diez que quedan no se puede ir en bici porque hay alguna parte de la ciudad que está inundada), sin embargo, no es lo que se dice el paraíso del ciclista: el carril bici es el lugar preferido de niños incontrolados, ancianitas pausadas, motoristas y aparcamientos urgentes.Los conductores no están acostumbrados a los ciclistas: te insultan, te gritan, se saltan los stop y te adelantan por la izquierda mientras levantan el dedo corazón en señal de respeto.
- Los peatones, tampoco. De hecho, a mí me han llegado a pegar la bronca por circular por la calzada, atención, y tocar el timbre porque no me dejaban pasar, sí, sí, circulando por la calzada. Que digo yo que si fuera por la acera, tendrían razón, ¿pero por la calzada? Además al grito de “no, si al final no podremos ir por ningún sitio”, para pasmo mío.
- Los demás ciclistas (yo no, válgame dios), están menos acostumbrados aún, consideran que la ciudad es suya: Una mañana, en pleno barrio antiguo, me di de morros con otro ciclista en una esquina. Y es que el otro chato circulaba en dirección contraria, salió a gran velocidad y yo no lo vi (tampoco es que yo sea un portento de la vigilancia, que al volante daría miedo, seguro). Pues aún me gritó el muy gilipollas, entre espumarajos, que esto ya era “el colmo de los colmos”, que “ni con la bici” se libraba de los accidentes, lo que implica que no era ni el primero ni el segundo que tenía, y yo me pregunto si la razón no sería, es un suponer, el circular en dirección contraria. Pero, ante tal reacción, mi razón se declaró en huelga, sufrí un “este programa ha efectuado una operación no válida y se apagará” y no supe qué contestar. Claro, que cuando el chatorro ya se había ido y yo había vuelto a pedalear, reinicio del sistema mediante, desfilaron por mi mente las ya consabidas letras chinas, cabezas de cerdo, calaveras y nubes negras con rayo, no voy ahora a ser ponerme de elegante por la vida, sospecho que yo debo de haber tenido algún antepasado dedicado a al tráfico y venta de verduras, no lo niego, y ya sabéis que la genética es muy puñetera.
Hoy le he dicho a la nueva ciclista, la que se ha comprado la bici que gira cuando tú giras el manillar y que NO tiene los ojos de reloj de arena, que con el tiempo aprenderá los usos y costumbres de los ciclistas valencianos. Ahora mismo no soy tan optimista, le diría que aprenderá cuáles son los insultos e imprecaciones varias que va a oír a partir de ahora y cómo resolver diplomáticamente situaciones de cierto peligro, como encontrarse con una persona mayor de 45 años por mitad de la calzada, por ejemplo, peligro que se eleva al cuadrado o al cubo si no es una persona, sino dos bzw. tres. También le diría, que, a partir de ahora, verá la ciudad con otros ojos (las calles planas no existen, igual que el asfalto impecable es un concepto que no tiene aplicación práctica en esta ciudad) y que los carriles bici son el lugar más peligroso sobre la faz de la tierra, más aún que el Bosque Negro, el antro de Ella-Laraña y las mazmorras de Barad-Dûr, en pleno Mordor, tojunto.
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