Internet es democrática y los condones son malos
Perdonen que no me levante, pero este blog y su autor están de vacaciones. No obstante, he tenido tiempo de navegar por los bajos fondos de internet, como dijisteis, que es una mina de textos lamentables. Primero, el texto a propósito del preservativo y el contagio del sida:
El texto de la discordia
El descubridor del origen del Síndrome de Down, ya fallecido, decía en 1989. “Con el preservativo quedan embarazadas aproximadamente un 10% de las mujeres al cabo de un año de uso. Si no es una barrera infranqueable para los espermatozoides, menos aún lo será para el virus del SIDA, que es 500 veces más pequeño. Como puede suponerse, decir que el preservativo es eficaz para prevenir el SIDA es un absurdo (…). Un sodomizador seropositivo hará correr un riesgo de por lo menos uno entre diez de contraer la enfermedad mortal,…, por lo que es totalmente imposible calificar de mal menor un comportamiento tan peligroso para otro ser humano”. [...]
Es seguro que, casi todos, antes de tomar una medicina recetada por el médico se lee el prospecto. Allí hay una serie de indicaciones valiosísimas, y entre ellas, las que miramos con más atención son las contraindicaciones. Podría suceder que una medicina en principio válida, por otras cuestiones, dejara de serlo hasta el punto de ser, como se dice, peor el remedio que la enfermedad. Esto que sucede en muchos casos, sucede también en el tema de SIDA. En esta enfermedad, y antes de haber pensado en “recetar” preservativos y jeringuillas, tendría que haberse pensado en muchas otras cosas: la dignidad humana, la adicción (vicio), la cultura o su falta en cada pueblo, la moral, y tantos otros aspectos de los que a continuación hablaremos. Todos nos van a llevar a la conclusión del dicho tan claro: peor el remedio que la enfermedad. ¿A quién se le ocurre matar moscas con miel? [...]
Por lo tanto, en cuanto que el uso del preservativo crea adicción, se concluye que recomendar su uso multiplica la probabilidad de que en un futuro los usuarios establezcan más relaciones sexuales, es decir, mayor número de contactos potencialmente contagiosos. Eso es lo que piensa también John P. Foley: “De hecho, la publicidad que se ha realizado del profiláctico no ha hecho más que alentar el ejercicio de determinados comportamientos totalmente autodestructivos”.
¿Hasta dónde?
Sí, lo de la democratización de la opinión a través de internet es un hecho del que nos tenemos que felicitar. ¿Y qué hacemos con textos como éste? ¿Cuál es el mensaje principal de este texto? ¿Que no usemos el condón porque crea adicción y, además, porque no es eficaz para prevenir el contagio de sida? Una cosa es que alguien opine –y deje claro que se trata de una opinión– que no le gustan los condones y que, por lo tanto, no los usa. Otra muy distinta es que una institución o Perico Pérez diga que los condones son ineficaces para evitar el contagio del sida y no explique claramente –como no ocurre en este texto, ni en los párrafos que no he copiado– que lo más eficaz es no tener relaciones sexuales.
En cuestiones de salud ¿vale lo de la libertad de expresión? Y lo pregunto porque no sé responder a esta cuestión, no porque esté a favor de censurar estas páginas. Es como la web aquella que exponía cómo adelgazar mediante el dolor y barbaridades de esa calaña, página, por cierto, que iba dirigida a adolescentes con anorexia. Obviamente, cerrar el sitio no solucionó nada –no sabría decir si es un delito contra la salud pública, si alguien sabe de leyes, que me lo aclare–, porque la aparición de estas webs no es más que una manifestación del verdadero problema, que es la propia enfermedad. Pero se cerró. Porque independientemente de que fuera o no la medida que resolviera esta cuestión, está claro que estos sitios suponen un peligro.
Claro que la pregunta implícita es mucho más difícil de responder: ¿qué es la libertad de expresión? Pero ahí no voy a entrar. La libertad de expresión enriquece. La pseudociencia y las sectas, no. ¿Por dónde andará la frontera?








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